Jonathan Swift
Antes que nada, deseo aclarar el título tan pretencioso que tiene esta entrada. Sería imposible resumir en unas cuantas líneas todo el concepto de "Libertad"; sin embargo, considero que unas pinceladas sobre el tema serán suficientes. A fin de cuentas, el nombre de este blog es "Ideas" y no "Conceptos". Así, no prentedo buscar la universalidad, sino meramente exponer de manera suscinta algunas de mis opiniones respecto a la "Libertad".
Más específicamente, me gustaría tratar la relación entre este concepto y el papel del Estado. Desde mi perspectiva -y ésta es la idea principal de la entrada, es decir, pueden leer esto y desechar el resto de lo escrito- el Estado debe limitarse a garantizar las libertades mínimas de los individuos. En otras palabras, debe fungir únicamente como vigilante de que las acciones de uno no afecten a otro y debe evitar comportarse como un ente que determina la moral.
Un ejemplo de esto puede encontrarse en el tema de los estupefacientes. ¿No se trata de una violación flagrante a nuestra libertad el hecho de que el Estado prohíba consumir drogas? (El delito consiste en la posesión y distribución de ésta, según tengo entendido, pero la idea subyacente es evitar su consumo.) Desde esta perspectiva, el consumo de drogas, su distribución y venta deben ser legales, por el hecho de que el Estado no debe, como indiqué anteriormente, fungir como ente determinante de la moral. Es decir, cada uno debería poder elegir consumirlas o no (¿por qué el Estado puede tomar esa decisión por nosotros?). Algunos podrán argumentar que se trata de temas de salud nacional, pero basta recordar que otras sustancias dañinas son completamente legales, como el alcohol y el tabaco. Y creo que el papel del Estado no debe basarse en función de la letalidad de las sustancias. La decisión de consumir cualquier cosa (esto es, sustancias inocuas o dañinas) debe pertenecer únicamente al individuo y no al Estado.
Tomando otro camino, en los últimos días hemos sido testigos de una batalla entre los mal denominados "homofóbicos" y los "homofílicos". En un espacio seminoticioso, a un hombre se le ocurrió exponer su animadversión hacia los homosexuales. Sobre Esteban Arce, que así se llama, han caído todo tipo de críticas, desde burlas hasta exigencias de despido. Yo creo que no obró mal. Más allá de que comparto su opinión, considero que él se encuentra en todo su derecho de opinar lo que le venga en gana. Si yo considero que, por ejemplo, las personas del Sur son inferiores a las del Centro (insisto, es sólo un ejemplo), podré estar equivocado y mucha gente podrá contradecirme, pero, a fin de cuentas, es una mera opinión. Si los demás llegan a creerme o no, eso ya no es responsabilidad mía. Mi libertad me permite expresar mis ideas, sin importar lo equívocas que éstas sean (¿qué sucedería si sólo se pudiera tener opiniones "políticamente correctas"?). Naturalmente, se debe diferenciar perfectamente entre una opinión y un hecho.
PD. Mi opinión respecto a los homosexuales es simple: creo que no son normales, creo profundamente que se equivocan y verdaderamente siento repulsión hacia ellos, pero creo aún más en que son libres de hacer lo que les plazca, en tanto sus acciones no sean en detrimeto de los demás.
Más específicamente, me gustaría tratar la relación entre este concepto y el papel del Estado. Desde mi perspectiva -y ésta es la idea principal de la entrada, es decir, pueden leer esto y desechar el resto de lo escrito- el Estado debe limitarse a garantizar las libertades mínimas de los individuos. En otras palabras, debe fungir únicamente como vigilante de que las acciones de uno no afecten a otro y debe evitar comportarse como un ente que determina la moral.
Un ejemplo de esto puede encontrarse en el tema de los estupefacientes. ¿No se trata de una violación flagrante a nuestra libertad el hecho de que el Estado prohíba consumir drogas? (El delito consiste en la posesión y distribución de ésta, según tengo entendido, pero la idea subyacente es evitar su consumo.) Desde esta perspectiva, el consumo de drogas, su distribución y venta deben ser legales, por el hecho de que el Estado no debe, como indiqué anteriormente, fungir como ente determinante de la moral. Es decir, cada uno debería poder elegir consumirlas o no (¿por qué el Estado puede tomar esa decisión por nosotros?). Algunos podrán argumentar que se trata de temas de salud nacional, pero basta recordar que otras sustancias dañinas son completamente legales, como el alcohol y el tabaco. Y creo que el papel del Estado no debe basarse en función de la letalidad de las sustancias. La decisión de consumir cualquier cosa (esto es, sustancias inocuas o dañinas) debe pertenecer únicamente al individuo y no al Estado.
Tomando otro camino, en los últimos días hemos sido testigos de una batalla entre los mal denominados "homofóbicos" y los "homofílicos". En un espacio seminoticioso, a un hombre se le ocurrió exponer su animadversión hacia los homosexuales. Sobre Esteban Arce, que así se llama, han caído todo tipo de críticas, desde burlas hasta exigencias de despido. Yo creo que no obró mal. Más allá de que comparto su opinión, considero que él se encuentra en todo su derecho de opinar lo que le venga en gana. Si yo considero que, por ejemplo, las personas del Sur son inferiores a las del Centro (insisto, es sólo un ejemplo), podré estar equivocado y mucha gente podrá contradecirme, pero, a fin de cuentas, es una mera opinión. Si los demás llegan a creerme o no, eso ya no es responsabilidad mía. Mi libertad me permite expresar mis ideas, sin importar lo equívocas que éstas sean (¿qué sucedería si sólo se pudiera tener opiniones "políticamente correctas"?). Naturalmente, se debe diferenciar perfectamente entre una opinión y un hecho.
PD. Mi opinión respecto a los homosexuales es simple: creo que no son normales, creo profundamente que se equivocan y verdaderamente siento repulsión hacia ellos, pero creo aún más en que son libres de hacer lo que les plazca, en tanto sus acciones no sean en detrimeto de los demás.
