miércoles, 13 de agosto de 2014

Minucias de la Biblia, consideraciones respecto al Corán, y algunas similitudes y diferencias entre ambos textos


Introducción

Al iniciar el 2013, resolví leer dos de los libros más peligrosos de los que se tenga registro en la historia de la humanidad. Son dos libros por los que demasiada gente ha asesinado y cometido los peores crímenes. Dos libros que recuerdan a Tlön y Uqbar: el Corán y la Biblia[1]. Al igual que aquellos, el Corán y la Biblia han sobrepasado el umbral original de la literatura fantástica hasta convertirse no solo en realidad, sino en la razón y destino de millones de personas a lo largo de cientos de años.

No me acerqué a estos libros con intenciones críticas de religión, sino para conocer, en el caso de la Biblia, los pormenores de ese laberinto, y, en el caso del Corán, para hacerme una idea de su contenido a partir de la fuente original. Para tener en cuenta el contexto en que fue escrito el Antiguo Testamento, atendí las lecciones del curso en línea Introduction to the Old Testament que ofrece la Universidad de Yale (http://oyc.yale.edu/religious-studies/rlst-145). La siguiente entrada contiene algunas notas breves respecto a la lectura de ambos libros.

Unas cuantas consideraciones previas son importantes. El Antiguo Testamento –y particularmente, el Pentateuco– fue elaborado por varias personas. El consenso actual respecto a su autoría indica que hay, al menos, cuatro fuentes de las que bebe: la yahvista (fuente J), la elohísta (fuente E), la deuteronómica (fuente D) y la sacerdotal (fuente P). Cada una de estas fuentes, a su vez, pudo haber sido escrita por más de una persona –las  similitudes con Tlön son, como se advierte, varias–. En el caso del Nuevo Testamento, aunque la autoría de sus libros es menos incierta, la selección de los evangelios resultó más bien arbitraria.

El Corán es, en efecto, más limitado. No solo es menor en extensión (es apenas una tercera parte de la Biblia), sino que también sus ideas son de menores méritos. Debe recordarse, sin embargo, que los propósitos de ambos libros son diferentes: mientras que la Biblia describa la historia de los primeros judíos –incluidas sus guerras y genealogías–, los rituales, su exilio y el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús, así como el intento de Pablo por hacer llegar esta historia al mundo conocido, el Corán utiliza el Antiguo Testamento como base y hace algunas anotaciones al Nuevo Testamento. El libro sagrado del islam es repetitivo e incluso tiene secciones conformadas por apologías a ciertos aspectos de la vida de Mahoma.

A continuación se muestran algunas notas acerca de la Biblia que tienen un objeto plenamente anecdótico. Muchas son curiosidades que no persiguen otro objeto que el de convertirse en temas de sobremesa.

 
Minucias de la Biblia[2]:

1.       Dios crea, indirectamente, el Mal.

«La serpiente, el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh-Dios había hecho, dijo a la mujer…» (Gn 3,1). Dios creó a la serpiente y es la serpiente quien induce el pecado original. Es decir, Dios no tuvo control sobre su obra o dotó a la serpiente de libre albedrío. Hay quien dirá que Satanás se «personificó» en serpiente, pero la Biblia no deja constancia de eso. Incluso, el castigo que impone Yahveh sobre ella es un castigo físico, muy lejos de los castigos espirituales a los que se supone que es susceptible: «Por haber hecho esto, / maldita serás entre todas las bestias […] / sobre tu vientre te arrastrarás / y polvo comerás» (Gn 3, 14).

 

2.       Matusalén era el abuelo de Noé y vivió 969 años.

El capítulo 5 del Génesis incluye una genealogía desde Adán hasta los hijos de Noé. El versículo 25 dice: «Tenía Matusalén ciento ochenta y siete años cuando engendró a Lamec»; más adelante, el 28 y 29 mencionan: «Tenía Lamec ciento ochenta y dos años cuando engendró a un hijo, al que llamó Noé». La legendaria edad de Matusalén se ubica en el versículo 27: «Matusalén vivió en total novecientos sesenta y nueva años, y murió».

 

3.       A Yahveh le incomoda la solidaridad humana.

En el relato de la construcción de la Torre de Babel, se refleja a Yahveh como un Dios receloso de los hombres: «Bajó Yahveh a ver la ciudad y la tierra que estaban construyendo los hombres, y se dijo Yahveh: ‘He aquí que todos ellos forman un solo pueblo y hablan un solo lenguaje; si esto es solo el comienzo de su empresa, ya nada les impedirá alcanzar lo que se propongan’» (Gn 11, 5-6).

 

4.       Moisés es producto de un incesto.

El versículo 20 del capítulo 6 del Éxodo dice: «Amrán tomó por esposa a su tía Yoquébed, que le dio a luz a Aarón y a Moisés». Posteriormente, el incesto fue prohibido por la misma ley mosaica: «No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre acercándote a su mujer; es tu tía» (Lv 18, 14). Más adelante, se enuncia el castigo: «El hombre que se acueste con su tía, descubre la desnudez de su tío; ambos cargarán con su iniquidad. Morirán sus hijos» (Lv 20, 20). Este es un claro ejemplo de cómo se superponen las diversas fuentes del Antiguo Testamento. El episodio es menos dramático que el incesto cometido por las hijas de Lot, quienes embriagaron a su padre para quedar embarazadas (Gn 19, 31-36).

 

5.       El Antiguo Testamento recomienda la ley del talión.

El primer registro que se tiene de esta ley se encuentra en el mismo Código de Hamurabi. En el Éxodo se muestra con estas palabras: «Si en el curso de una riña entre hombres uno de ellos golpea a una mujer encinta y acelera el parto, pero sin otras consecuencias, pagará la multa que el marido de esta mujer le imponga, según estimación de los jueces. Pero si se sigue algún daño, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión» (Éx 21, 22-25).

 

6.       Se prohíbe la usura.

Muy al contrario de la imagen arquetípica del judío, la Torá expresa: «Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al indigente que está contigo, no te comportarás con él como usurero: no le cobrarás intereses» (Éx 22, 24).

 

7.       Oro, plata y bronce.

La tradición trimetálica de los juegos olímpicos se remonta, al menos, a la fecha de elaboración del Éxodo: «Yahveh habló a Moisés: ‘Di a los israelitas que me traigan ofrendas; vosotros las recibiréis, para mí, de todo aquel que las ofrezca de buen corazón. Estas serán las ofrendas que aceptaréis de ellos: oro, plata y bronce’» (Éx 25, 1-3).

 

8.       El altar de Yahveh debió haber lucido espeluznante.

Las ofrendas dedicas a Yahveh eran muy sangrientas: «Tomarás sangre del novillo y untarás con el dedo los cuernos del altar. Derramarás toda la sangre restante al pie del altar. Luego tomarás todo el sebo que envuelve las entrañas, la membrana del hígado y los dos riñones, con el sebo que los recubre, y lo quemarás todo en el altar» (Éx 29, 12-13). «Inmolarás luego el carnero, recogerás su sangre y rociarás con ella el altar todo en derredor. Después descuartizarás el carnero, lavarás los intestinos y las patas, los colocarás sobre los demás pedazos y la cabeza, y quemarás todo el carnero en el altar» (Éx 29, 16-18). El aspecto y, ante todo, el olor de ese lugar poblarían las pesadillas de los hombres de ahora. En su defensa, hay que recordar que los vecinos de los israelitas sacrificaban a sus propios hijos en honor a Moloch, inmolándolos en hornos con forma de esta deidad.

 

9.       Hubo un hombre que ordenó a Yahveh. Y él obedeció.

Durante el combate entre los israelitas y los amorreos, Josué ordenó a Yahveh detener el Sol y la Luna. Después se lee: «Ni antes ni después hubo un día como aquél en que Yahveh obedeció la voz de un hombre» (Jos 10, 14).

 

10.   Yahveh aceptó un filicidio como sacrificio.

Jefté, guerrero israelita, hizo este voto a Yahveh: «Si realmente entregas a los amonitas en mis manos, el primero que salga de las puertas de mi casa a mi encuentro, al volver yo sano y salvo de los amonitas, será para Yahveh y se lo santificaré en holocausto» (Jue 11, 30). Quien salió primero de su casa fue su propia hija. El relato continúa: «Al cabo de dos meses, regresó adonde su padre, el cual dio con ella cumplimiento a su voto» (Jue 11, 39).

 

11.   A veces a Yahveh le bastaba hablar; otras, prefería jugar.

La comunicación con Dios siempre ha sido un problema. Incluso los mismos reyes de los israelitas tenían dificultades para hacerlo. Es el caso de Saúl, quien en lugar de invocarlo o rezar, prefirió utilizar un método indirecto. Dice el primer libro de Samuel: «Saúl preguntó a Yahveh: ‘Dios de Israel, ¿por qué no has respondido hoy a tu siervo? Si el pecado está en mí o en mi hijo Jonatán, Yahveh, Dios de Israel, da urim; si el pecado está en tu pueblo Israel, da tummim’» (1Sam 14, 41). Parece que urim y tummim eran dos objetos (dados, piedras o, más probablemente, palos) con los que se determinaba una respuesta positiva o negativa. ¿Es esta una manera de comunicarse con Yahveh? Haberlo sabido antes…

 

12.   Yahveh se arrepiente y causa confusión.

Son numerosas las contradicciones existentes en la Biblia, lo cual es natural en un libro tan extenso, escrito por tantos autores y a lo largo de cerca de mil años. Pero encontrar una contradicción en la misma página en un libro que no pertenece al Pentateuco es ya demasiado. Los versículos 10 y 11 del capítulo 15 del Primer Libro de Samuel dicen: «Entonces Yahveh le dirigió la palabra a Samuel y le dijo: ‘Me arrepiento de haber constituido rey a Saúl’». Apenas 19 versículos después, dice: «Y el que es el esplendor de Israel no miente ni se arrepiente, porque él no es un hombre para arrepentirse». Más adelante, en el libro de Joel, también se habla del arrepentimiento de Yahveh: «[…] y convertíos en Yahveh, vuestro Dios, / porque él es clemente y misericordioso, / tardo a la cólera, rico en piedad, / y se arrepiente del daño que causa» (Jl 2, 13). También ocurre en el libro de Amós: «Yahveh se arrepintió» (Am 7, 6).

 

13.   Goliat medía 2.92 metros.

Las medidas pueden ser inexactas, por supuesto, pero si hay que atenerse a ellas, lo que dice la Biblia es lo siguiente: «Salió entonces de las filas filisteas un hombre de las fuerzas de choque, llamado Goliat, de Gat, cuya estatura era de seis codos y un palmo» (1Sam 17, 4). De acuerdo con el apéndice incluido en esta edición, un codo equivale a 0.45 metros y un palmo a 0.222 metros. Es decir, que Goliat medía 2.92 metros. Robert Wadlow, el hombre más alto que ha sido acreditado, medía 2.72 metros. Goliat podría ver la coronilla de Wadlow e incluso le bastaría con levantar solo su mano (ni siquiera su brazo) para alcanzar el aro de la canasta de baloncesto.

 

14.   Ni tan sabio.

Salomón es considerado por la tradición como uno de los hombres más sabios; sin embargo, si Yahveh se le apareció, ¿cómo es que dudó de él? Esto dice la Biblia: «Yahveh se irritó contra Salomón porque este había apartado su corazón de Yahveh, Dios de Israel, que se le había aparecido en dos ocasiones y le había ordenado expresamente que no fuera tras dioses ajenos. Pero él no guardó la orden de Yahveh» (1Re 11, 9-10). ¿Qué tan estólido debe ser uno que, a pesar de que el mismo Dios se le presente, adore a otros? Una curiosidad más acerca de Salomón es que las mujeres que se le acercaron para que dirimiera acerca de quién era un hijo eran prostitutas.

 

15.   La multiplicación de los panes no fue milagro exclusivo de Jesús.

Eliseo, un personaje poco conocido del Antiguo Testamento, fue el primero en realizar el milagro de la multiplicación de los panes, tal como se detalla en la Segunda de Reyes: «Llegó después un hombre de Baal Salisá, que traía en su alforja al varón de Dios pan de primicias: veinte panes de cebada y de trigo nuevo. Y dijo Eliseo: “Dáselo a la gente para que coma”. Respondió el criado: “¿Qué voy a dar con esto a cien hombres?” Replicó él: “Dáselo a la gente para que coma, porque esto dice Yahveh: ‘Comerán y sobrará’”. Él lo puso delante de ellos, comieron y sobró, como había dicho Yahveh» (2Re 4, 42-44).

 

16.   En la Biblia hay mitología griega y persa.

En el libro de Tobías, en dos párrafos contiguos, se hace referencia a la mitología persa y griega. Por supuesto, en aquella época ninguna de las dos era considerada mitología, sino verdaderas religiones. Se lee en Tobías: «[…] Sara, la hija de Ragüel, que vivía en Ecbátana de Media, fue insultada por las criadas de su padre, porque habiendo sido dada en matrimonio a siete maridos, el maligno demonio Asmodeo les había dado muerte antes de que hubieran estado con ella como es costumbre con las esposas» (Tob 3, 7-8). Asmodeo es uno de los siete malos espíritus de la angelología persa. Respecto a la mitología griega: «Pero se dijo: ‘Soy hija única de mi padre. Si hago eso, será un oprobio para él, y haré bajar su ancianidad al hades en medio del dolor’» (Tob 3, 10).

 

17.   El mismo Yahveh habla de mitología griega.

El periodo helenístico es tan influyente que hasta el mismo Yahveh se ve contagiado: «Entonces Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y le dijo: […] ‘¿Puedes atar los lazos de las Pléyades / o soltar las ataduras de Orión?’» (Job 38, 1-31)

 

18.   ¿Dios de amor?

El Antiguo Testamento es proclive a describir a Yahveh no como dios de amor, sino lleno de ira: «El señor es juez justo, / y un Dios que se enoja cada día. / Mientras no se aplacare, / aguza su espada, / tensa el arco y lo ajusta, / prepara armas de muerte, / pone fuego en sus flechas» (Sal 7, 12-14).

 

19.   La parusía ya ocurrió (o debió haber ocurrido ya).

La segunda –y definitiva– venida de Cristo debió haber ocurrido hace casi dos mil años. El mismo Jesús es quien lo indica: «Porque, como el relámpago sale de oriente y se deja ver hasta occidente, así será la parusía del Hijo del hombre. […] [E]l sol se oscurecerá y la luna no dará su brillo, las estrellas caerán del cielo y el mundo de los astros se desquiciará. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre […]. Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda» (Mt 24, 27-34).

 

20.   Es posible que Jesús no haya cargado su cruz.

En el evangelio de Mateo, esto es lo que se indica acerca del traslado de Jesús del proteo al Gólgota: «Cuando acabaron las burlas, le quitaron el manto, le pusieron sus propios vestidos y se lo llevaron a crucificarlo. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, que se llamaba Simón, a quien obligaron a llevarle la cruz. Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota […], le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Después de crucificarlo, se repartieron sus vestidos echando suertes […]» (Mt 27, 31-35).

Marcos, a su vez, indica: «Luego lo sacan para crucificarlo. Y a un hombre que pasaba por allí, que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo obligan a llevarle la cruz. Lo conducen, pues, al lugar llamado Gólgota […]. Le daban vino mezclado con mirra, pero él no lo aceptó. Luego lo crucifican y se reparten sus vestidos, echando suertes sobre ellos […]» (Mc 15, 20b-24).

Por su parte, Lucas relata: «Puso en libertad al que reclamaban, al que había sido encarcelado por motín y homicidio, y a Jesús lo entregó a su arbitrio. Cuando lo conducían, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. […] Llegados al lugar llamado ‘de la Calavera’, lo crucificaron allí a él y a los malhechores» (Lc 23, 25-33).

Finalmente, Juan indica en su evangelio correspondiente: «Tomaron, pues, a Jesús. Él cargó con la cruz y salió hacia el lugar llamado ‘de la Calavera’, que en hebreo se dice Gólgota. Allí lo crucificaron, y a otros dos con él» (Jn 19, 16-17). Juan, a diferencia de los otros tres evangelistas, afirma que Jesús cargó su propia cruz y no menciona nada acerca de Simón, a quien sí consignan los otros tres.

 

21.   En las bodas de Caná, Jesús transformó 600 litros de agua en vino.

En el evangelio de Lucas se menciona que: «Había allí seis tinajas de piedra dispuestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. […] Y las llenaron hasta los bordes» (Jn 2, 6-7). Según el pie de página de esta edición, una medida es equivalente a 40 litros. Por tanto, en las tinajas había entre 480 y 720 litros de agua o, en promedio, 600 litros.

 

22.   Judas Iscariote quizá no murió ahorcado.

Mateo recoge lo que hizo Judas después de haber traicionado a Jesús: «Entonces él arrojó las monedas de plata contra el templo, se marchó y se ahorcó» (Mt 27, 5). Los Hechos de los Apóstoles consignan otra muerte de Judas: «Él pertenecía a nuestro grupo y le había correspondido su puesto en este ministerio; pero adquirió un campo con el precio de la traición, cayó de cabeza, reventó y se le salieron todas las entrañas. El suceso fue tan notorio para todos los habitantes de Jerusalén que aquella finca se la llamó en su propia lengua Haceldama, que quiere decir ‘campo de sangre’» (Hch 1, 17-19).

 

Consideraciones respecto al Corán

Para quienes no estén relacionados con el Corán, la siguiente información introductoria puede resultarles útil. El Corán está compuesto por 114 suras o capítulos, las cuales no están ordenadas cronológicamente, sino por su extensión, siendo las menos breves las primeras. Cada una de las suras, a su vez, se compone por aleyas –similares a los versículos– y, además de tener un número consecutivo, poseen un nombre representativo (por ejemplo, Ta Ha, El viernes o Frunció las cejas).

De acuerdo con la tradición musulmana, Mahoma fue el último de una serie de profetas enviados por Alá, la cual incluye, entre otros, a Abraham, Moisés y Jesús. También se afirma que Mahoma era analfabeto, por lo que es imposible que él haya compuesto el Corán. Tradicionalmente, se considera que el arcángel Gabriel era quien inspiraba a Mahoma y que él, a su vez, dictaba lo que el arcángel le decía. Como he dicho, el Corán no se contrapone con la tradición cristiana, sino que, en realidad, se constituye como una reivindicación del monoteísmo.

Así, por ejemplo, en la sura La mesa servida, se indica: «Encontrarás, ciertamente, que los más hostiles a los creyentes [los musulmanes] son los judíos y los asociadores, y encontrarás, ciertamente, que los más amigos de los creyentes son los que dicen: ‘Somos cristianos’. Es que hay entre ellos sacerdotes y monjes y no son altivos» (5, 82). Por supuesto, los musulmanes no consideran que Jesús sea Dios: «El Ungido, hijo de María, no es sino un enviado, antes del cual han pasado otros enviados, y su madre, veraz» (5, 75).

Con los judíos, el Corán puede llegar a ser más hostil: «Aquellos a quienes se había confiado la Torá pero no la observaron son semejantes a un asno que lleva libros. ¡Qué mal ejemplo da la gente que desmiente los signos de Dios! Dios no dirige al pueblo impío» (62, 5). Incluso les reclama la muerte de Jesús: «Dimos a Moisés la Escritura y mandamos enviados después de él. Dimos a Jesús, hijo de María, las pruebas claras y le fortalecimos con el Espíritu Santo. ¿Es que teníais que mostraros altivos siempre que venía a vosotros un enviado con algo que no deseabais? A unos les desmentisteis, a otros les disteis muerte». (2, 87). Hasta condena su costumbre de no pronunciar el nombre divino: «¿Hay alguien que sea más impío que quien impide que se mencione Su nombre en las mezquitas de Dios y se empeña en arruinarlas?» (2, 114)

El pecado de asociación es el más grave dentro del islam y consiste en otorgar cierto grado de divinidad a algo que no sea dios. Así, por ejemplo, adorar imágenes o a los profetas (incluido Mahoma) es asociación. La sura Las mujeres lo comenta: «Dios no perdona que se Le asocie. Pero perdona lo menos grave a quien Él quiere. Quien asocia a Dios comete un gravísimo pecado» (4, 48).

Salvo en lo tocante a la asociación, el Corán reconoce, generalmente, el punto medio como la mejor forma de proceder. Así lo indica la sura El criterio: «Cuando gastan, no lo hacen con prodigalidad ni con tacañería –el término medio es lo justo–» (25, 67).

El nombre que el Corán le da al demonio es Iblís. La historia de Iblís difiere de la del demonio cristiano en el origen de su pecado. La sura Sad nos revela que el pecado de Iblís fue no obedecer a dios en la prosternación hacia el hombre: «Cuando tu Señor dijo a los ángeles: ‘Voy a crear a un mortal de arcilla y, cuando lo haya formado armoniosamente e infundido en él de Mi Espíritu, ¡caed prosternados ante él!’ Y los ángeles se prosternaron, todos juntos, excepto Iblís, que se enorgulleció y fue de los infieles. […] Dijo: ‘Yo soy mejor que él. A mí me creaste de fuego, mientras que a él lo creaste de arcilla’». (38, 71-77).

Así como en la Biblia se puede hallar la existencia de gigantes (sin contar a Goliat)[3], el Corán incluye la presencia de genios, los cuales forman parte del folklor árabe, como lo hacen constar los numerosos cuentos de Las mil y una noches en donde tienen diversos papeles. La sura Al-Hichr revela el origen de estos seres: «Hemos creado al hombre de barro arcilloso, maleable, mientras que a los genios los habíamos creado antes de fuego de viento abrasador» (15, 26-27). Hay incluso, en otra sura –llamada Los genios–, una pequeña anécdota de los genios: «Di: “Se me ha revelado que un grupo de genios estaba escuchando y decía: ‘Hemos oído una Recitación maravillosa, que conduce a la vía recta. Hemos creído en ella y no asociaremos nadie a nuestro Señor’”» (72, 1-2).

Un prejuicio común respecto al islam es la falta de consideración hacia las mujeres. En realidad, el Corán les brinda libertades y las toma en consideración más a menudo que la Biblia. Un ejemplo de ello lo constituye María, cuya existencia, aunque central para el cristianismo, es relatada muy brevemente por la Biblia. En cambio, en el Corán se le ensalza (sin llegar a asociarla con Alá), como se observa en esta parte: «Siempre que Zacarías entraba en el Templo a verla, encontraba sustento junto a ella. Decía: ‘¡María!, ¿de dónde vienes con eso?’ Decía ella: ‘De Dios. Dios provee sin medida a quien Él quiere’». (3, 37). Un poco más adelante, el Corán confirma la virginidad de María: «Dijo ella: ‘¡Señor! ¿Cómo puedo tener un hijo, si no me ha tocado mortal?’ Dijo [¿Dios?, ¿el ángel?]: ‘Así será. Dios crea lo que Él quiere’» (3, 47).

 
Similitudes y diferencias entre la Biblia y el Corán

Similitudes entre la Biblia y el Corán

Al igual que en la Biblia (Éx 21, 22-25), el Corán recomienda el sometimiento a la ley del Talión: «¡Creyentes! Se os ha prescrito la ley del talión en casos de homicidio: libre por libre, esclavo por esclavo, hembra por hembra. Pero, si a alguien le rebaja su hermano la pena, que la demanda sea conforme al uso y la indemnización apropiada. […] En la ley del talión tenéis vida, ¡hombres del intelecto! Quizás, así, temáis a Dios» (2, 178-179).

El Corán también coincide con la Biblia –esta vez con el Nuevo Testamento– en tanto que ambos consideran no solo que dar limosna es bueno, sino que es aún mejor en los casos en los que se realiza anónimamente. El evangelio de Mateo dice: «Cuando vayas a dar una limosna, que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te dará la recompensa» (Mt 6, 3). El Corán, por su parte, recomienda: «Si dais limosna públicamente, es algo excelente. Pero, si la dais ocultamente y a los pobres, es mejor para vosotros y borrará en parte vuestras malas obras. Dios está bien informado de lo que hacéis» (2, 271).

Una nueva coincidencia se da en la consideración de que dios cuida de todas las criaturas. En el Nuevo Testamento se indica: «Mirad las aves del cielo: no siembran ni siegan ni alacenan en graneros; sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta» (Mt 6, 26). El Corán, por su parte, señala: «No hay bestia sobre la tierra a cuyo sustento no provea Dios, Que conoce su madriguera y su depósito» (11, 6). Es curioso que esta similitud se encuentre también en el mismo capítulo del evangelio de Mateo (el sexto), por lo que puede suponerse cierta influencia particular de este texto sobre el autor del Corán.

Ambos libros sagrados prohíben la usura. Como lo indiqué en la sexta minucia, la Biblia prohíbe la usura (Éx 22, 24). De igual manera, esta práctica está prohibida por el Corán: «Quienes usurean no se levantarán, sino como se levanta aquel a quien el Demonio ha derribado con solo tocarle […], siendo así que Dios ha autorizado el comercio y prohibido la usura» (2, 275).

En la actualidad, quedan pocas dudas que la inteligencia provenga de nuestros cerebros. Pero hace cientos de años, al menos en las tribus semíticas, se tenía la creencia de que la sabiduría radicaba en el corazón. Así, el Primer Libro de Reyes recoge esta plegaria de Salomón: «Concede, pues, a tu siervo un corazón prudente, para que sepa juzgar a tu pueblo y discernir entre lo bueno y lo malo» (1Re 3, 9). Por su parte, el Corán menciona: «¿No han ido por la tierra con un corazón capaz de comprender y con un oído capaz de oír?» (22, 46)

A diferencia de nuestros tiempos en donde el cómputo del tiempo lo rige el Sol, en épocas anteriores también era la Luna la que servía para medir los tiempos. La Biblia refleja esta situación en el salmo 104: «Para marcar el tiempo hizo la luna / y el sol que sabe de su ocaso» (Sal 104, 19). También se anota algo similar en el Eclesiástico: «También la Luna, siempre fiel a su hora, / proclama los tiempos y es señal eterna» (Eclo 43, 6). La sura Los rebaños enuncia: «Quien hizo de la noche descanso y del sol y de la luna cómputo» (6, 96). Y más claramente: «Él es Quien hizo del sol claridad y de la luna luz, Quien determinó las fases de ésta para que sepáis el número de años y el cómputo» (10, 5).

 

Diferencias entre la Biblia y el Corán

El Corán es muy enfático en ser especialmente buenos con los huérfanos; ante todo, se debe evitar consumir su hacienda. Este se encuentra entre los pecados más graves, de acuerdo con la sura Las mujeres: «Dad a los huérfanos los bienes que les pertenecen. No sustituyáis lo bueno por lo malo. No consumáis su hacienda agregándola a la vuestra. Sería un gran pecado» (4, 2). También lo recoge la sura La mañana: «¡No oprimas, pues, al huérfano!» (93, 9). La Biblia, en contraparte, no hace mención explícita respecto al buen ánimo que hay que guardar para con los huérfanos.

Como fue explicado en la sección correspondiente, el pecado más grave concebido por el Corán es el de asociación. De acuerdo con la sura Las mujeres, es el único pecado que no perdona Alá. En cambio, en la Biblia se especifica otra cosa: «Si alguien dice una palabra en contra del Hijo del hombre, se le perdonará; pero el que la diga en contra del Espíritu Santo no tendrá perdón ni en este mundo ni en el futuro» (Mt 12, 32).

Es evidente que dentro del pecado de asociación se encuentra suponer que Jesús es también Dios. En todo el Nuevo Testamento se especifica que Jesús y Dios son uno solo. En el Corán, en cambio, se previene acerca de esta concepción: «¡Gente de la Escritura! ¡No exageréis en vuestra religión! ¡No digáis de Dios sino la verdad: que el Ungido, Jesús, hijo de María, es solamente el enviado de Dios y Su Palabra, que Él ha comunicado a María, y un espíritu que procede de Él! […] ¡No digáis ‘Tres’! ¡Basta ya! Será mejor para vosotros. Dios es sólo un Dios Uno» (4, 171).

El evangelio de Mateo comienza con una relación detallada de la genealogía de José, el padre putativo de Jesús. Ya en el versículo 19 se indica: «José, su esposo, que era un hombre recto, no quiso denunciarla sino que determinó repudiarla en silencio»[4]. Lucas también apunta la relación entre José y María: «También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta» (Lc 2, 4-5). El Corán, en cambio, nunca menciona a José. Este silencio resulta particularmente curioso, ya que generalmente se hacía referencia a alguien invocando el nombre de su padre (por ejemplo: Isaac, hijo de Abraham); en cambio, siempre que se menciona esta fórmula en torno a Jesús en el Corán aparece como «Jesús, hijo de María».



[1] Es verdad, la Biblia, en sentido estricto, no es un libro, sino un conjunto de ellos. El tiempo ha limado las inconsistencias en los diversos libros que la conforman, de manera que pensar en ella como un solo libro no es una aberración.
[2] La Biblia y el Corán que leí son los publicados por la Editorial Herder, por lo que las citas que aquí se mencionan son tomadas de estas ediciones.
[3] «Había por aquellos días, y también después, gigantes en la tierra cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos» (Gn 6,4).
[4] De haberla denunciado, María debió haber muerto, según la ley mosaica: «Si un hombre comete adulterio con la mujer de otro, ambos adúlteros morirán sin remisión» (Lv 20, 10).

sábado, 3 de mayo de 2014

Microrrelato: «Ontomática»

En la mano de uno de los tripulantes de la nave hallaron un trozo de papel. En él se leían estas palabras escritas aprisa: «Tienen fechas de nacimientos».

sábado, 22 de marzo de 2014

[FU 8] ¿Está sobrevalorada la figura de Benito Juárez?

Con motivo de la conmemoración del nacimiento de Benito Juárez, la Flecha de Uroboros ha realizado un esfuerzo por determinar si lo realizado por este personaje justifica la existencia de plazas, calles, escuelas, delegación y ciudad nombradas en su honor. Como siempre, sugiero que se den una vuelta por los blogs de Bruno, Pablo y Jorge, para tener otras perspectivas sobre el tema.
 
Benito Juárez es uno de los personajes más relevantes en la historia del siglo XIX en México. Desde el punto de vista de la historia oficial, Juárez personifica los valores republicanos que se sobreponen a todas las vicisitudes. Bajo otras perspectivas, este hombre representa un ladrón de bienes eclesiásticos, un incoherente (por detentar 14 años la presidencia) y hasta un escurridizo cobarde. Cualquiera que sea la postura al respecto que uno tome, lo cierto es que han sido nombradas incontables calles, avenidas, una estación del metro, una delegación y hasta una ciudad en su honor; pero, ¿están verdaderamente justificadas estas designaciones o es que se ha ensalzado sin mucha razón la imagen de este hombre?
Cosa difícil es, sin duda, juzgar a alguien de manera objetiva. Considero que una aproximación útil para responder a la pregunta inicial consiste en juzgar a Juárez por sus principales decisiones (reflejadas en sus acciones y en la emisión de ciertos ordenamientos jurídicos) y las consecuencias de estas en la historia nacional. Esta precisión es importante, ya que en varias ocasiones a lo largo de su vida, al Benemérito de las Américas lo benefició o perjudicó la suerte. Así pues, sustraerse del influjo del azar no debe entenderse como la ignorancia consciente de las circunstancias, sino como una herramienta que permite juzgar a Juárez de manera más objetiva.
Al inicio de la Guerra de los Tres Años, ante el avance de las tropas de Zuloaga, Juárez decidió trasladar el gobierno de la república por diversos estados y, cuando no hubo escapatoria, se embarcó rumbo a Panamá, Cuba y Estados Unidos. El oaxaqueño puede ser calificado de cobarde o de valiente, según el punto de vista que se considere: ¿quería preservar el gobierno por ambiciones personales de poder o porque sabía que, de claudicar, no habría esperanzas para el surgimiento de un gobierno liberal en México? En favor de Benito puede referirse que, a diferencia de otros gobernantes (Santa Anna entre ellos), él no descollaba por su despliegue de suntuosidad, ni por obligar a los demás de tratarlo con pompa. Si esto es considerado, parece justo decir que el escape de Juárez fue con miras en mantener vivos la legalidad y el liberalismo del gobierno mexicano, lo que no deja de ser loable.
Al año siguiente, ya de vuelta en México, Juárez firmó el controvertido Tratado McLane-Ocampo, en el que, a cambio de cuatro millones de dólares, nuestro país cedía (entre otras cosas) el derecho a perpetuidad del libre tránsito de los estadounidenses por el istmo de Tehuantepec, así como desde Matamoros hasta Mazatlán y el tránsito de tropas desde Nogales hasta Guaymas. Es verdad que Juárez necesitaba con urgencia dinero para seguir combatiendo a los conservadores; sin embargo, esta cesión fue no solo denigrante para el país, sino incluso peligrosa, pues dejaba la puerta abierta a una nueva invasión. La soberanía de México era un precio muy alto por hacer triunfar el liberalismo. El hecho de que se especificara que la cesión era a perpetuidad censura más la decisión de Juárez. Incluso sus contemporáneos liberales dudaban de la conveniencia de esta acción: Justo Sierra lo llamó «servidumbre interminable» y Vasconcelos tildó a Juárez de alucinado o traidor. A la luz de esta acción, resulta complicado sostener que Juárez no quería el poder para sí y que solo defendía la causa liberal.
Una vez derrotados los conservadores, con las arcas nacionales prácticamente vacías, Juárez decide declarar una moratoria de pago a acreedores extranjeros. Las consecuencias finales de esta elección fueron la invasión francesa y cuatro años más de guerra civil. Es muy probable que Juárez no hubiera podido prever los alcances de su decisión; empero, confiar que una moratoria podría no incomodar a potencias europeas es pecar de inocencia; hacerlo en un momento de crisis social, política y económica, es un suicidio. Creo que, en esta situación particular, Juárez no tuvo la pericia para considerar alternativas: enviar a Doblado (entonces Secretario de Relaciones Exteriores) a Europa antes de declarar la suspensión de pagos, conceder privilegios para la instalación de ferrocarriles o minas, negociar la reestructuración de la deuda…
Otro de los episodios más relevantes de Juárez, desde el punto de vista histórico, es su decisión de matar a Maximiliano. Juárez enfrentaba la presión por conservarlo con vida desde dos frentes: en primer lugar, ambos eran masones; si bien pertenecían a ritos distintos, las diferencias entre ellos no los conminaban a eliminar la camaradería ni mucho menos a asesinarse. En segundo lugar, los gobernantes y prensa europeos solicitaban la salvaguarda del exemperador (incluso el escritor Víctor Hugo y Garibaldi se sumaron a este esfuerzo). Por otra parte, Juárez sabía que no habría prisión segura para Maximiliano y que enviarlo de regreso al viejo continente también era arriesgado, por no hablar de la cobardía que mostraría entre sus simpatizantes. Los tres días que aplazó Juárez el fusilamiento son señal de que no estaba seguro de qué hacer. Resolvió matarlo y, desde mi perspectiva, era lo correcto, no por considerar al austriaco un villano, sino porque era la señal que necesitaban Europa y el interior de México de la fortaleza que finalmente había conseguido el gobierno juarista. La acción dio resultado: las sublevaciones en contra del gobierno liberal no se presentaron más (el Plan de la Noria de Díaz no era contra el liberalismo, sino contra la reelección de Juárez).
La última acción juarista que analizaré será la permanencia del zapoteco en la silla presidencial durante catorce años. La Constitución de 1857 estipulaba cuatro años por periodo presidencial y permitía la reelección indefinida. Desde el punto de vista legal, Juárez no incurrió en ningún delito; desde el punto de vista democrático, decidir postularse para la presidencia en 1871 constituía un disparate. Esta decisión ponía en peligro la credibilidad de la frágil república y sumaba enemigos al gobierno oficial. Aun varios de los allegados a Juárez censuraban esta determinación tanto por estrategia política como por la propia salud del mandatario. En esta decisión es cuando se recalca el carácter personalista del gobierno de Juárez: ya no era necesario que él siguiera al frente del país y su continuidad representaba más una amenaza que una solución. Juárez decidió continuar y decidió mal.
Con respecto a las leyes que se le atribuyen a él, Juárez fue de un sano distanciamiento entre la Iglesia y el Estado (con la emisión de la Ley Juárez, la del Matrimonio Civil, la Orgánica de Registro Civil y de Libertad de Cultos) a un ataque directo a los intereses eclesiásticos (Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos, Decreto de Secularización de Cementerios y el de Exclaustración de Monjas y Frailes). Con la emisión de estas últimas, Juárez exacerbó las pasiones en su contra y buscó terminar de tajo con casi 350 años de tradición. Creo que hubiera sido más afortunado realizar ajustes graduales con la Iglesia o incluso negociar con ella.
En conclusión, considero que la figura de Juárez no está sobrevalorada si se tienen en cuenta dos de sus decisiones: defender la legalidad del Estado y del liberalismo hasta las últimas consecuencias y cejar las aspiraciones de los conservadores y de los franceses por hacerse del control del país (a través de la muerte de Maximiliano). Por otra parte, esta exaltación del juarismo debe moderarse a la luz de la deficiencia del oaxaqueño en negociar, en permitir la alternancia democrática y en acelerar la desaparición del poder eclesiástico en apenas unos años. Debe ser particularmente importante tomar en cuenta su actitud entreguista hacia Estados Unidos antes de juzgarlo un héroe nacional. En el entendido de que nadie en México como Juárez ha personificado el espíritu republicano y de que todo hombre puede equivocarse, las calles, las avenidas, la estación del metro, la delegación y la ciudad han sido justamente nombradas en su honor.
 
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Comentarios a Bruno
Para juzgar de la manera más objetiva a un personaje, es necesario despojarse de los prejuicios positivos y negativos. Cada vez que Bruno menciona a Benito Juárez, Bruno no puede evitar precederlo del título de «don». Esto merma su análisis y evidencia un sesgo positivo hacia la figura del oaxaqueño, lo que compromete su objetividad de la misma manera que ocurre con el ensayo de Jorge.
¿En qué sentido deben valorarse las aportaciones de Juárez al pensamiento jurídico? Juárez no fue un ideólogo, ninguna de sus ideas fue innovadora; su fama se debe a que fue un implementador, un mero agente operativo que tomó ideas europeas y las quiso aplicar al pie de la letra en un contexto sensiblemente diferente al del viejo continente. Incluso la implementación de estas ideas prestadas no fue la mejor, ya que, como sostengo en mi aportación, Juárez no supo negociar. ¿Qué hay que reconocer, en este sentido, a Juárez, si no fue innovador y si las ideas que tomó las implementó deficientemente?
Bruno invita, al inicio del tercer párrafo, a ir más allá de la historia romántica de la infancia de Juárez; sin embargo, unas pocas líneas más adelante, señala que Juárez escapó a la predestinación de su época. Pide ser prácticos y él se mantiene poético. Además, como señalé en los comentarios al escrito de Jorge, si Juárez estudió en un seminario católico no fue por aceptar estoicamente un destino ni fue para traicionarlo después, sino porque era muy probablemente su única opción.
Bruno contrasta la figura de Juárez con la de los conservadores: a estos últimos los tilda de escasa imaginación al pensar que el México libre solo podía continuar por el camino «dogmático» de la Iglesia; a su vez, a Juárez le celebra que haya desamortizado los bienes eclesiásticos («el respeto al derecho ajeno es la paz»... salvo que el derecho ajeno sea el de la Iglesia). Un observador menos imbuido en el problema podría llamar a Juárez radical y a los conservadores, prudentes. Nuevamente, creo que Juárez debía aprender cierta prudencia conservadora y realizar cambios cortos pero decisivos en la separación de Iglesia y Estado. Otros países de América hicieron esa separación... cincuenta años después, pero sin siete años de guerra civil. Finalmente, juzgar que en «aquella época debía fortalecerse el gobierno republicano y no el gobierno central» es ya tomar francamente partido sobre el objeto de estudio y, además, juzgarlo desde la ventaja del futuro.
Bruno también se equivoca al referir que como México no estaba preparado para las elecciones, Juárez debía seguir reeligiéndose. Eso es querer decir que solo una persona tiene la capacidad para ser presidente y que todo el pueblo no es sino ignorante. Es también santificar la figura de Juárez y decir que las sociedades del siglo XIX estaban condenadas a ser presididas por un dictador; a Huerta y a Díaz se les acusa de eso, ¿por qué no a Juárez?
 
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Comentarios a Pablo
En resumen, el breve ensayo de Pablo es el siguiente: nadie merece ser llamado héroe (porque nadie lo es) y cuando una acción es heroica es porque se trata de una idea que no le pertenece a esa persona, sino al pueblo (al tiempo y a las circunstancias también). Y, claro, el resultado de eso solo puede ser que la figura de Juárez está sobrevalorada. Pero hay que tener cuidado con esta posición, ya que esto significa que cada persona que llega al poder, efectivamente representa, incluso sin quererlo, la voluntad del pueblo. En la visión de Tolstoi que comparte Pablo acerca de  la repercusión que tienen las decisiones de un personaje particular en la historia, no hay cabida para la voluntad, pues todo es fatal, inevitable. Esta perspectiva nulifica los actos de las personas en el poder. Es decir que este país hubiera sido hoy igual si en lugar de vencer Peña, hubiera ganado Josefina, López Obrador o Quadri. Todo es igual.
Ahora bien, el ejemplo del ruso es poético, pero eso equivaldría a decir que nada de lo que decida quien está en el poder es relevante; creo que al menos el tiempo y la forma están determinados por esas personas. Ambos elementos sí que pueden constituir diferencias relevantes. Para el caso que nos ocupa, Juárez era la consecuencia del pensamiento liberal en México, pero ¿acaso ese pensamiento liberal le dictó el cómo debía llevar a cabo su gobierno en las especificidades?; ¿la idea mexicana del liberalismo aconsejó a Juárez de que debía permanecer huyendo? Es cierto, quizá si Juárez hubiera sido capturado, la lucha por el liberalismo hubiera continuado; pero hace falta algo de valor para tomar en las manos esa responsabilidad. La idea del liberalismo mexicano no podía (como ninguna idea) ser perseguida; solo se persigue a los hombres que la comparten; y hace falta tener valor para ser ese hombre al que se persiga. En todo caso, hubo un acto de voluntad de Juárez al desear personificar esta idea.
Pablo sostiene, por otra parte, que Juárez es diferente al resto de los héroes nacionales. Yo no creo que esto sea así. Más bien se debe a que el resto de los personajes tiene algo que no convence del todo: Nezahualcóyotl fue más un artista que un político; Hidalgo y Morelos fueron curas (y hay que mantener la distancia con la Iglesia); Cárdenas fue priista. A Madero se le recuerda como héroe en el PAN, pero su carrera política duró muy poco para estar en el altar de los héroes nacionales. Lo que ocurre también es que no ha sido muy divulgado el Tratado McLane-Ocampo, lo que dejaría sin simpatizantes a Juárez; en el momento en que eso ocurra, Juárez se unirá al resto de los héroes nacionales que no convencen.
Una deficiencia en la aportación de Pablo es que llega a la conclusión de que Juárez está sobrevalorado sin haber mostrado las pruebas. Por una parte, dice que nadie puede ufanarse de sus acciones, ya que todo es resultado de una idea nebulosa que vive en el pueblo; por otra, enlista las obras en las que se le ha exaltado al oaxaqueño. No hay un vínculo entre ambas cosas y, sin embargo, Pablo colige que está sobrevalorado. Y claro, ¿quién no va a estar sobrevalorado si todo lo bueno que se hace en nombre del pueblo es solo del pueblo?
 
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Comentarios a Jorge
Este es, sin lugar a dudas, el ensayo más desafortunado de Jorge. Su calidad y conocimientos históricos le exigen algo de objetividad en él: a lo largo de su aportación se aprecian opiniones basadas en prejuicios más que en evidencia y se adivina un sesgo descarado a favor del conservadurismo. Si Jorge se asume conservador, debe comprender que el conservadurismo del siglo XIX es sustancialmente diferente al de hoy. Reconozco que, al menos, hay consistencia en lo que declara en este breve ensayo y en el inmediato anterior.
Jorge pone en duda los orígenes de Juárez y cómo se fue haciendo paso hacia el poder, pero no ofrece pruebas de ello. Creo que existe mérito en tener orígenes humiles y llegar a ser presidente; no entiendo cómo esa situación pueda resultar censurable. Al contrario, puede llegar a ser inspirador y considero que el gobierno acierta en promoverla. Por otra parte, con respecto a la traición que Jorge menciona de Juárez a la Iglesia, creo que no hay tal, ya que lo más seguro es que si estudió con religiosos se debió a que eran muy pocas las demás opciones (si es que las había). En este aspecto, es similar a Sor Juana: se valen de los únicos medios existentes para superarse, incluso en contra de sus propios principios. A simple vista parece reprobable, pero ¿cuántos de nosotros no hemos cometido el mismo pecado en nuestras actividades laborales: trabajando por ganar dinero y dándole la espalda a nuestros principios?
También censuro la siguiente afirmación de Jorge: «un líder sabio y bueno hubiera hecho el sacrificio de ofrendar su vida para evitar la catástrofe». En primer lugar, no existen tales líderes: se trata de una exageración poética de Jorge en un ensayo. En segundo lugar, ese sacrificio bien pudo haberse juzgado como cobardía. Finalmente, incluso si Juárez se hubiera entregado, quizá era inevitable un choque entre los liberales y los conservadores; tal vez la catástrofe no podía ser evitada.
En lo que sí estoy de acuerdo, hasta cierto punto, con Jorge es en cuestionar la pertinencia de Juárez por mantenerse en el poder. Creo que puede llegar a ser justificable la permanencia de un presidente en casos excepcionales (particularmente, de guerra). Una vez pasada la amenaza, es su deber convocar a elecciones. Sin embargo, como precisé en mi ensayo, la Constitución de 1857 permitía la reelección, por lo que Juárez no estaba al margen de la ley, sino que únicamente era imprudente. Así también, al igual que Jorge, creo que utilizar a Juárez como ejemplo de lo que debe ser un demócrata es un error; no lo es si lo que se pretende es ejemplificar a un republicano.
Por último, creo que Jorge es demasiado injusto con Juárez: primero, lo hace completamente responsable de «la guerra, muerte y destrucción» en el país, así como de la ruina en su infraestructura. Esto no puede provenir sino de una pluma con más pasión que con razón: los cañones conservadores no disparaban progreso ni flores, Jorge. Y en segundo lugar, tilda de cobarde a Juárez debido a que huye, pero cuando Maximiliano escapa de la ciudad de México, lo llama valeroso. Hay que medir objetivamente con la misma vara. Además, creo que el acto más cobarde sería haber renunciado; de algún modo, Juárez mostró algo de valor al no claudicar y mantener la lucha por la república.
 
 
 
 
 
 

lunes, 17 de febrero de 2014

[FU 7] ¿Cuál es la mejor forma de gobierno para México?


En esta ocasión, a Pablo, Jorge y yo, se ha sumado Bruno para discutir acerca de la mejor forma de gobierno para el México actual. Las aportaciones de cada uno de ellos las podrán encontrar aquí, acá y allá.
 
La historia de México es rica en cuanto a formas de gobierno se refiere (así como en sus sendos fracasos): teocracia azteca, virreinato español, imperio de Iturbide, dictadura de Santa Anna, república centralista, república liberal, imperio de Maximiliano, república federal, dictadura porfiriana, desastre y desorden (llamados «Revolución Mexicana» por un eufemismo político), gobierno paternalista unipersonal, unipartidismo y democracia. Estoy enlistando, por supuesto, las formas de gobierno de jure; las de facto pueden llegar a ser sensiblemente distintas. En cualquier caso, los constantes cambios en la forma de gobierno en este país parece que obedecen no solo a las exigencias de los tiempos, sino también a un constante malestar general de la población y una pésima distribución del poder.

Cuando se busca la forma más apropiada para regir a México, es ocioso analizar todas las formas de gobierno. Así, considerar gobiernos como monarquía, teocracia o dictadura no solo resultaría anacrónico, sino que también se estaría negando la perspectiva actual de globalización (¿qué empresas desearían invertir en un país dictatorial o monárquico latinoamericano? –el caso de países árabes gobernados por reyes y recibiendo dinero de todo el mundo es atípico y debe entenderse únicamente por la vía de la renta petrolera–). En realidad, de todas las formas de gobierno hasta ahora concebidas, solo dos tienen posibilidades reales de instaurarse en México: la democracia y la aristocracia.

Una aristocracia moderna no estaría constituida por nobles vestidos con trajes renacentistas, sino por hombres capaces (por los mejores, según su etimología). Por supuesto que habría varios problemas para determinar quiénes serían los mejores hombres del país. Claro que los criterios de selección serían controvertidos. Sin duda la renovación de los aristócratas y la preocupación de que sus intereses son diferentes a los del pueblo serían retos de enormísima importancia. Todas estas dificultades no son mayores a las que experimenta la democracia. Pero el verdadero problema de la aristocracia es su imposibilidad de llevarse a cabo exitosamente por un país como el nuestro: ¿somos capaces de innovar el campo de la política a nivel mundial? No tenemos el valor de hacerlo. Además, un cambio tan radical de gobierno sembraría dudas en las empresas mundiales que invierten aquí y, en consecuencia, incertidumbre en los mercados financieros nacionales, con sus consecuentes profecías autocumplidas. Aunque deseable, la aristocracia en el México actual sería imposible.

Queda (no como mejor, sino como el menos malo y más factible) adherirnos a la moda mundial que es la democracia. Y ya instalados en la democracia, pasar al gobierno republicano es cosa de nada (descartando los anfibios tóxicos del siglo pasado: democracias dictatoriales).  En términos generales, hay dos tipos de repúblicas democráticas: las presidencialistas y las parlamentarias. ¿Quién se atrevería a dejar en manos de nuestros incapaces legisladores dos de los tres poderes del Estado? No solo México no tiene ninguna tradición parlamentaria, sino que la experiencia actual revela lo difícil que resulta llegar a acuerdos en el Congreso.

Por eliminación hemos llegado a la república democrática presidencialista, que es el sistema de gobierno que actualmente tenemos. No seamos tan optimistas: si usamos el mejor de los sistemas de gobierno posible (i.e., factible), ¿por qué tenemos la impresión de que es ineficiente?, ¿por qué no vemos los resultados que de esta forma de gobierno se esperan? Identifico tres problemas mayores a los que las democracias del mundo moderno no han hallado una solución:

1.       Representatividad fallida: las manifestaciones civiles en todo el mundo deben hacernos reflexionar acerca de la representatividad de los gobiernos. Los ciudadanos no están siendo (o no se perciben) debidamente representados. Parece que hay dos esferas diferentes: en una están los tomadores de decisiones públicas; en la otra, los ciudadanos comunes. Cada esfera responde a incentivos distintos y muchas veces contrarios. Bajo una democracia, la manera como los ciudadanos protestarían contra la otra esfera sería mediante las elecciones; sin embargo, cuando todas las opciones son las mismas y solo se van cambiando de color, no hay una amenaza creíble contra el grupo de poder.

2.       Responsabilidad política: la democracia, muy preocupada por la participación ciudadana, deja de lado la responsabilidad que se les debe exigir a los tomadores de decisiones públicas. En términos del numeral anterior, el grupo de políticos goza de todo el poder, con toda la impunidad y sin ninguna responsabilidad sobre los requerimientos de sus gobernados. Sin responsabilidades efectivamente imputables, es imposible medir el grado de representatividad de los políticos. Un ejemplo en nuestro país: ¿el problema de inseguridad en Michoacán de quién es responsabilidad?: ¿del presidente?, ¿de la SEDENA?, ¿del gobernador del estado?, ¿de los presidentes municipales?, ¿del presidente, del gobernador y de los presidentes municipales del sexenio pasado? No hay político responsable. Nadie es responsable. La impunidad en estado casi puro.

3.       Sabiduría e ignorancia populares: el supuesto esencial de la democracia radica en considerar que las opiniones de los ciudadanos son las óptimas; la crítica correspondiente es que un pueblo cuyo nivel promedio de escolaridad ni siquiera llega a la secundaria terminada y que lee menos de 3 libros al año (35% de los mexicanos no ha leído nunca un libro) no puede tomar decisiones óptimas (punto a favor de la aristocracia). La solución es simple pero casi imposible: educar al pueblo. Eso puede tomar muchas generaciones y no hay garantías. Otra solución es aristocratizar la democracia (ya que es más difícil democratizar la aristocracia): que los políticos elegibles sean ya capaces. De esta manera, aunque el pueblo sea ignorante, elegirá de entre personas lo suficientemente preparadas.

Doy, finalmente, dos propuestas concisas para el caso mexicano:

1.       Los poderes ejecutivo y legislativo están completamente capturados por los intereses partidistas. Propongo la figura de políticos milicianos (al modo suizo): no considerar como carrera la política, que sea un trabajo de medio tiempo sin paga (o una paga simbólica). No es descabellado dejar de hacer de la política un negocio (¿salarios altos para evitar la corrupción?, ¿ha sido eficaz esa estrategia?, ¿no conocemos muchos casos de políticos corruptos?).

Otra solución para reducir el poder de los partidos políticos (y del ejecutivo) es votar por cada uno de los integrantes del gabinete en elecciones no simultáneas (con el objeto de no votar por todo el equipo de un mismo partido y generar proyectos transexenales).

2.       Respecto al poder legislativo, es ridículo que se autorregule (toman vacaciones prolongadas, suben su salario y se ausentan según su voluntad). Es terrible que sea tan oneroso y tan improductivo. Pero lo peor de todo es que solo hay tres votos, solo tres puntos de vista entre 500 personas. En este problema converge todo: autorregulación y falta de representatividad y responsabilidad política. La solución es la suma de los esfuerzos anteriormente mencionados: reducción del poder de los partidos (y, en general, de los políticos), establecer criterios específicos que garanticen la capacidad de cualquier político y, a largo plazo, invertir en educación.

En suma, la democracia no es el mejor sistema de gobierno para México, pero es el más factible de implementar (seguir). Esta democracia debe incorporar elementos aristocráticos (meritocráticos). La representatividad, la responsabilidad política, los límites al poder de los partidos políticos y del Congreso son mejoras urgentes a las deficiencias del sistema actual de gobierno.
 
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios a Jorge
Coincido en dos aspectos generales con la postura de Jorge respecto al mejor sistema de gobierno para México. El primero de ellos consiste en remarcar la importancia que tiene la educación en la democracia. Iré más allá: urgir a un pueblo a ser democrático sin antes haberlo educado es un suicidio social. La democracia, vista desde esa perspectiva, no es un fin, sino una meta. La democracia adolece de únicamente considerar los intereses del pueblo y desechar las capacidades de los individuos que son elegibles para gobernar. Teóricamente, la democracia puede llevar al poder al menos capaz; prácticamente, tenemos el caso de «Juanito» (un caso de éxito muy interesante de analizar para los demócratas a ultranza).
La segunda coincidencia de ideas, y la más relevante, es considerar como un prerrequisito la existencia de un estado de derecho. Sin un estado de derecho efectivo no hay manera como un sistema de gobierno (por excelente que sea) sea exitoso. Ninguno de los cuatro profundizó en este problema. Históricamente, únicamente en las dictaduras es cuando México ha gozado de un estado de derecho más o menos aceptable (claro, dejando de lado las cuestiones de derechos humanos y centrándose en el orden). Quizá esa es la razón por la que algunas personas añoran una mano dura en México.
Hay otro rubro sobre el que tenemos coincidencia Jorge y yo, pero guardamos distancia en algunos puntos: sin cumplir una obligación no hay derecho de voto. Ciertamente, los ciudadanos deben cumplir con ciertas obligaciones hacia el estado y estos deben buscar estar preparados para elegir a sus gobernantes. Ahora bien, hay algunos individuos que por sus características podrían ser exentos de estas obligaciones. Los más pobres, por ejemplo, ¿deberían pagar impuestos? Aquellos cuyo centro de enseñanza más cercano se localiza a varios kilómetros de su casa, ¿están obligados a estudiar? Más importante aún es la pregunta filosófica detrás de estas cuestiones: ¿qué hace que una persona se convierta en un ciudadano: el cumplimiento de las obligaciones que tiene para con el estado o es una cualidad inherente al individuo? Un tema que da mucho de qué hablar.
Finalmente, debo señalar dos críticas fundamentales a la posición de Jorge. Primeramente, él trata de incluir al sistema de gobierno mexicano figuras que le son extrañas: el sistema parlamentario y la figura de primer ministro. Si bien estas figuras han funcionado en algunos casos (el inglés es el caso arquetípico), no hay ninguna constancia de que puedan funcionar correctamente en México. En realidad, nuestra experiencia nos hace suponer lo contrario. En segundo lugar, Jorge menciona que se debe evitar el abuso de poder, pero tampoco señala cómo las sugerencias que él menciona pongan un límite al poder. El único poder al que limita es al de la ignorancia; el poder de los gobernantes se mantiene intacto.

 
Comentarios a Pablo
El escrito de Pablo puede ser resumido en algunas cuantas palabras: fe (solo que no es fe) casi ciega en la democracia. Pablo trata tanto tiempo de convencernos de las ventajas de la democracia, que parece olvidar cualquier crítica hacia ella (apenas dedica un párrafo a ella). Incluso, al enlistar todas sus ventajas, no las contrapone con la realidad de nuestro país. La preocupación de la aportación de Pablo es, si se quiere, mucho más teórica que práctica. La pregunta que responde Pablo es por qué la democracia es el mejor sistema de gobierno. Es lamentable el silencio de su propuesta respecto a la situación actual de México.
A continuación rebatiré algunos de los puntos señalados por Pablo en favor de la democracia en México. Una característica que señala del buen gobierno es que gobiernan personas competentes. No hace falta decir mucho al respecto al caso de México: baste saber que dos de nuestros senadores tienen como máximo logro académico el haber concluido la secundaria. Ahora bien, respecto a que en la democracia nadie adquiere el poder por sí mismo, debo decir que hay una excepción. O 200 excepciones, porque los plurinominales sí que adquieren el poder por sí mismos (a través de partidos políticos, claro, pero sin la participación directa o indirecta de los votantes).
Asimismo, Pablo considera la negociación como un factor clave en la democracia. En primer lugar, la negociación no es exclusiva de la democracia (en un sistema aristocrático también cabe). Y en segundo, Pablo toma por supuestas las capacidades de negociación de los gobernantes. ¿Las tomas de tribuna, el uso de reformas constitucionales como moneda de cambio, las reuniones clandestinas... son el tipo de negociación que beneficia a los gobernados? Pablo, al igual de Jorge, se aleja demasiado del panorama político nacional y se refugia en los beneficios teóricos de un sistema (Pablo en el democrático; Jorge, en el parlamentario) que no tiene evidencia alguna de éxito en México.
También arguye que un sistema de pesos y contrapesos es la solución al problema de elegir un buen gobernante. Yo no creo que sea suficiente. El contrapeso del brillante presidente es el no menos capaz Congreso. ¡Válgame dios! Si sistemáticamente se eligen a personas incapaces, no importarán los pesos y contrapesos, pues toda la balanza estará herrumbrada con ignorancia.
Por último quiero rebatir acerca de las deficiencias que encuentra Pablo en la aristocracia. En general, casi todas las características positivas enunciadas por Pablo hacia la democracia también son aplicables en un sistema aristocrático moderno. Pablo critica de la aristocracia que no puede asegurar que quienes gobiernan sean los mejores (como tampoco lo asegura la democracia) y que un grupo elitista tomaría decisiones elitistas. ¡Caramba! Pero si había pasado por alto que quienes toman las decisiones importantes de este país son los campesinos y analfabetas, así como los clasemedieros. ¡Por favor! El grupo que toma las decisiones en esta (y cualquiera otra) democracia también es un grupo elitista que vela por sus intereses. Es incluso paradójico: si un pobre campesino llegara a ser elegido diputado, en ese momento, gracias a los sueldos y prestaciones de que gozan los diputados, dejaría de velar por los intereses de los campesinos, pues él mismo ya no lo es (ahora es un diputado, muy lejano al campo); es decir, en el momento en que se convierte en representante, se aleja de sus representados. Son representantes poco representativos: nos representan en la ignorancia, más no en las condiciones de vida o en nuestros intereses.

 
Comentarios a Bruno
El escrito de Bruno y el mío guardan algunas similitudes que no son superficiales. Apenas en la segunda línea, él ya indica que hay una crisis de representatividad (yo lo hago hasta el sexto párrafo). Esta crisis es mucho más relevante de lo que parece: es una crítica –no ya teórica, sino práctica– a la democracia: si hemos elegido a nuestros gobernantes, ¿por qué no nos sentimos representados? Bruno llega a la misma conclusión que yo: quienes ostentan el poder se encuentran en una esfera muy apartada del resto de la sociedad.
La siguiente coincidencia es la referente a la complicación que representaría para el sistema de gobierno mexicano la incursión en el parlamentarismo. La razón es la misma para los dos: nuestro país tiene muy poca experiencia parlamentaria. En este mismo tenor, Bruno y yo también coincidimos en que la tradición de gobierno en México no haría sencillo la implementación de un primer ministro. Creo, asimismo, que los pocos beneficios prácticos de este sistema no compensarían la confusión que generaría.
El último tema sobre el que tenemos una postura similar es cómo debería conducirse el presidente una vez que ha resultado electo. El presidente debería escindirse (al menos simbólicamente) del partido político que lo cobijó, justamente para indicar que ha renunciado a sus intereses personales para abrazar los intereses de la nación. Esta conducta hace juez y parte al presidente. No se trata de un problema endémico de México: ¿en qué democracia, incluso entre las maduras, es común que el partido político del que proviene el presidente lo contradiga? Este problema señala incluso una contradicción en el sistema político, ya que se trata de una clara intervención del ejecutivo sobre el legislativo: el presidente tiene, al menos, el apoyo (casi siempre total) de su partido en el Congreso.
Difiero con Bruno en tanto que él supone como acción democrática la de la comparecencia del presidente ante el Congreso durante el informe de gobierno. No creo que sea necesario este diálogo. En primer lugar, porque no se trata de un diálogo, sino de la lectura de un reporte; en segundo, porque no es un debate ordenado donde el Congreso pida explicaciones sobre temas específicos al ejecutivo; y en tercero, porque más que un diálogo es un espectáculo en el que se pueden hacer apuestas acerca de la cantidad de insultos que el ejecutivo recibirá y el número de veces que será interrumpido por algún político con poca instrucción (como si el insulto fuera a mejorar algo). El informe así rendido solo sirve para que políticos que no han sabido contrarrestar ni negociar, tomen protagonismo a través del vituperio.
Bruno concluye exponiendo que, en su creencia, la democracia es la mejor forma de gobierno. Sin embargo, creo que no ofrece argumentos contundentes que soporten esta afirmación. También creo que habría resultado muy provechoso un contraste de la democracia con otros sistemas, de manera que su conclusión descansara más en esa comparación que en argumentos siempre afirmativos de la democracia.