sábado, 14 de diciembre de 2013

[FU 6] ¿Es lícito celebrar Navidad para los no cristianos?

Con motivo de las fiestas decembrinas, la Flecha de Uroboros tuvo a bien discutir acerca de si la Navidad puede ser celebrada por personas no cristianas. Ha sido interesante que, a pesar de nuestras diferentes perspectivas en materia de religión, los tres hemos llegado a una conclusión afín. No adelantaré vísperas, pero deseo que pasen una muy feliz Navidad. Las correspondientes aportaciones de Jorge y Pablo las pueden hallar aquí y acá.
 
 
La Navidad es quizá la festividad más esperada del año. Paz, amor, familia, alegría, camaradería, caridad, son los valores asociados con esa fecha, los cuales son celebrados por todos los cristianos del mundo. Hay quienes también esperan la penúltima semana del año para comer dulces, reunirse con los amigos, cenar como nunca y para acudir a festines (y hasta a orgías). Pero, ¿hay lugar para que los no cristianos participen de esta fiesta? ¿Es exclusivo de la cristiandad el festejo de la Navidad?

Ante todo hay que tomar en cuenta la naturaleza de la Navidad. Esta celebración es la conmemoración del natalicio de Jesús. De ninguna manera significa que Jesús haya nacido ese día (son pocas y dudosas las pruebas históricas que datan su nacimiento); la Navidad es, simplemente, el día que se conmemora su nacimiento. Los ateos, en este sentido, tienen las mismas razones para celebrar la Navidad que tendrían para celebrar el natalicio de Confucio, Lao-Tsé o Mahoma: la conmemoración del nacimiento de un personaje cuyas ideas acerca de la moral fueron la base del pensamiento y el actuar para miles de personas. O sea, pocas o nulas razones de celebración.

Hay, sin embargo, otros fenómenos que toman lugar durante la Navidad: los regalos, la cena, el árbol, los buenos deseos, las obras de caridad. Todos estos fenómenos (el término es excesivo, pero no encuentro alguno más apropiado) tuvieron su origen en la Navidad, pero ciertamente han desembocado en una evolución propia. En otras palabras, una vez que se incorporaron esos fenómenos a la Navidad, cada uno se ha desvinculado de su origen como conmemoración del nacimiento de Jesús. Así, son muy pocos quienes creen que quien le obsequia algo en esas fechas quería recordarle el nacimiento de Jesús; lo mismo con quien cena con familiares o amigos, o pone un árbol navideño, o flores de nochebuena...

Aquí es donde el no cristiano tiene la oportunidad de participar en la celebración de la Navidad. ¿Pues a quién no le gusta recibir un regalo o cenar fastuosamente con familiares y amigos? ¿Quién puede levantar la mano para decir que odia el olor de un pino en su casa o que le son desagradables las nochebuenas, los parabienes y las obras de caridad? Nadie con un sentido mínimo de alegría podría rechazar todos estos fenómenos que circundan a la Navidad.

Hay dos objeciones a este punto de vista. El primero es el que ciertos cristianos puritanos declararían que se ha perdido el sentido primario de la Navidad. A esto respondo que se trata de una evolución hacia la laicidad de una fiesta con origen religioso. Nadie diría ahora que es ilícito para los mexicanos celebrar el Día de Muertos porque no se ofrecen sacrificios a Coatlicue. La celebración evolucionó para incorporar los elementos actuales de la sociedad. Esta evolución preserva la esencia de la fiesta: en la celebración prehispánica, se rememoraba a los muertos, tal como ahora se hace. El quid de la Navidad para los cristianos no es recordar el nacimiento histórico de Cristo, sino hacer que Jesús nazca en los corazones, es decir, es un mensaje de esperanza y de amor. El ateo puede asumir y compartir esos ideales: la esencia de la Navidad se preserva.

¿Pero es que el ateo y el cristiano celebran exactamente lo mismo en Navidad? Comparten el fin pero difieren en sus medios. Los ateos, si así lo desean, pueden aprovechar la ocasión para reflexionar acerca de la importancia de la conservación de los valores cristianos que consideren esenciales. Los cristianos, además de meditar sobre el misterio de la encarnación divina, pueden realizar lo mismo que sugiero que puede hacer un ateo. Salvo el nacimiento de Jesús y el enfoque cristiano que se le da a esta fiesta, se puede preservar el resto. ¿Es el nacimiento de Jesús lo más importante en la Navidad? Como dije, es más bien la práctica de los valores cristianos lo que le da sentido a esa fiesta, valores que, en términos generales, comparten los ateos.

La segunda objeción es que los ateos no celebran la Navidad, sino la parte meramente banal de la festividad. Creo que se trata de una mala asociación de ideas: la parte física de la celebración ha reemplazado por mucho la parte espiritual y esto ocurre no solo entre ateos, sino también entre creyentes. ¿Cuántos católicos cenan y se ofrecen regalos, pero no van a misa ese día, ni arrullan al Niño o piden posada? ¿Es que esos fieles, que son muchos, no celebran la Navidad? Por otro lado, el ateo que en Navidad reflexiona acerca de la importancia de la conservación de valores y sobre su humanidad, ¿es que no está celebrando tampoco la Navidad?

Los cristianos puritanos a los que me he referido intentan hacer creer que hace falta concretar todos los puntos con que la Navidad ideal se debe celebrar para que uno pueda jactarse de haberla celebrado. Esto es ser demasiado exigente, incluso para ellos mismos. La Navidad es, afortunadamente, una celebración que puede ser laicizada y preservar su esencia. Es transreligiosa, pues es capaz de unir en una mesa a creyentes y ateos; su espíritu supera las diferencias religiosas. Esa es la prueba (no en el sentido estricto, sino en el laxo): si la celebración fuera incompatible, serían más las historias de peleas entre familias mixtas –con creyentes y no creyentes– que las de convivencia pacífica. Es natural: la discusión va en contra del espíritu conciliador de la Navidad que comparte el cristiano y el ateo.

En suma, considero que la Navidad no es una fiesta exclusivamente cristiana, pues esto sería expropiar en favor de los creyentes los valores que esta festividad propone. Esta fiesta no puede ser entendida como únicamente cristiana, pues apela a valores universales (como la paz). El ateo puede (y quizá debería) aprovechar esa ocasión para reflexionar acerca de esos valores y (¡por qué no!) celebrar a los suyos con obsequios. El espíritu ecléctico del ateo (no digo que el ateo tenga un espíritu, es solo una expresión) debe buscar tomar lo mejor de cada creencia y desechar el resto. Por ello, ¡hagámonos de la Navidad y celebremos!


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Comentarios a Jorge


Para Jorge, la Navidad representa el máximo regalo de Dios al hombre; sin embargo, como advertí en mi ensayo (y fui secundado por Pablo), incluso para los cristianos es más importante poner en acción ese hecho. La Navidad, para el creyente, va más allá que ser el regalo de Dios al hombre: hace falta llevar a la acción el mensaje divino –el que ellos creen divino, pues–. ¿De qué habría servido la teofanía si no hubiera hecho cambiar el actuar de los hombres? El mensaje de la Navidad está incompleto para los cristianos si solo se dedican a reflexionar y agradecer a Dios; hay que complementar ese mensaje con la acción, la cual puede ser realizada por cualquier ateo.

Hay un paréntesis que hace Jorge que quiero tratar. En su ensayo Jorge señala: «La fiesta laica de la navidad ha ido perdiendo y olvidando (tal vez a propósito) su verdadero significado». ¿A propósito? ¿Es que hay gente que trata de eliminar el origen religioso de la Navidad? ¿Es que alguien ha sugerido que deberíamos celebrar el Sol invictus? ¿Quiénes son estos comecuras que maquinan el olvido del sentido original de la Navidad? Más aún: ¿cómo se planea un olvido? Entiendo que es solo un paréntesis, pero a veces hay más en ellos que en resto del texto, por ser notas más personales.

Tampoco estoy de acuerdo con Jorge en cuanto considera de algún modo que la Navidad se ha contaminado de culturas paganas. De no haber sido por las culturas paganas, la Navidad difícilmente se habría celebrado y muy seguramente no habría sido en la fecha en la que se celebra actualmente. Sostengo que es todo lo contrario: esos paganos enriquecieron las tradiciones navideñas: le dieron un árbol (al que no es nada ajena la tradición judeocristiana), le ofrecieron un banquete (la Navidad fue, durante mucho tiempo, época de ayuno para el cristiano), le dieron aguinaldos (que parecen ser de origen celta), le cantaron villancicos (regalo del pueblo, pero que poco tienen que ver con los cantos navideños tradicionales cristianos, solemnes y profundos).

Al final del texto de Jorge se encuentra esbozada una conclusión similar a la que yo ofrezco: el disfrute de la celebración debe hermanar a los hombres (cristianos y no cristianos), debe ser un pretexto para dejar de lado las diferencias y encumbrar las coincidencias. Las cuestiones físicas que circundan la Navidad deben promover el mensaje original de esperanza y amor.
 
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Comentarios a Pablo



No comparto con Pablo la idea de que no se puede excluir a una persona de festejar una celebración. Pongo por ejemplo las posadas: cuando los jóvenes dicen que harán una posada no se refieren a que se vestirán de peregrinos y tocarán de casa en casa hasta que les abran. Tampoco meditan sobre las penurias que atravesaron José y María los días anteriores al nacimiento de Jesús. Es, llanamente, una peda. Esos jóvenes se han excluido voluntariamente de la celebración. Bajo el punto de vista de Pablo, esos jóvenes y algún anciano que haga meditación en esas fechas están celebrando lo mismo pero con diferentes medios (en sus palabras, «ha mutado»). Lo que ocurre es que los jóvenes vieron en la celebración de las posadas un pretexto para beber excesivamente: la esencia de la festividad se ha corrompido.

Este es el punto de vista de Jorge: los no cristianos han corrompido la esencia de la Navidad y, entonces, lo que festejan no es Navidad sino otra cosa (tal como los jóvenes organizan sus posadas). Pablo, por su parte, responde a Jorge que no es así, que la esencia de la Navidad se conserva, incluso entre los ateos. Lo que ocurre es que Jorge y Pablo tienen puntos de vista diferentes acerca de cuál es la esencia de la Navidad: para el olivareño, la esencia de la festividad es el nacimiento de Jesús; para el reformista, consiste en la vivencia de valores como la alegría, la generosidad y la esperanza.

Considero que Pablo dice muy atinadamente que la Navidad es un gran éxito cristiano, pues permeó de manera total en todo el mundo. Debo precisar que sería interesante conocer acerca de qué reflexionan las familias cristianas y compararlo con lo que reflexionan las no cristianas. ¿Qué tan universales son los valores cristianos sobre los que se medita durante la Navidad? La pregunta no es ociosa: si el ateo medita sobre lo mismo que lo hace el cristiano, podríamos decir que la Navidad es bastante universal.

No cabe casi ninguna duda de la universalidad horizontal de la Navidad (casi todos la celebran); de lo que sí cabe dudar es acerca de su verticalidad: una vez que el cristianismo sea superado, ¿habrá razones para festejar la Navidad? Es decir, en un mundo de puros ateos, ¿habría surgido la necesidad de una celebración en la que se festejen los buenos deseos y la meditación de los valores? Si no es así, como parece ser el caso, los no cristianos estamos en deuda con los cristianos


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