sábado, 31 de agosto de 2013

De los símbolos (2)

Esta entrada es la segunda (y última) parte de las publicaciones relacionadas con los símbolos. El mundo de la semiótica es vastísimo; la intención de las entradas sobre los símbolos es invitar a los lectores de este blog a acercarse a ellos. Como dije, los símbolos exigen de su intérprete conocimientos históricos y psicológicos, e incluso filosóficos, religiosos y culturales. Quien a ellos se asoma, encuentra relaciones insólitas y hasta oximorónicas, pero siempre útiles. Sin más, les comparto las interpretaciones de otros siete símbolos:


Ouroboros

Ouroboros: perpetuo retorno.
El ouroboros (también escrito «uroboros») participa del simbolismo del perpetuo retorno, es decir, de lo que continuamente se repite, como las estaciones del año o la vida. Es, por tratarse de una serpiente y de un círculo, símbolo del movimiento y de la continuidad. Por tener la cabeza pegada a la cola, es símbolo del poder autofecundante, el cual no debe confundirse con la autosuficiencia. Más interesante aún es aquella interpretación en la que se indica que el ouroboros participa del mundo ctónico y del mundo celestial, y que es en él en donde se unen, toda vez que la serpiente y el círculo conviven en él en un dualismo entremezclado. Al ser símbolo de fusión entre la tierra y el cielo, el ouroboros simboliza el todo, el universo. Es, por lo mismo, símbolo de la unión de opuestos: día y noche, bueno y malo, yin y yang. Es pertinente la anotación que hace Borges en “El libro de los seres imaginarios” respecto al posible origen del ouroboros: «Ahora el Océano es un mar o un sistema de mares; para los griegos, era un río circular que rodeaba la Tierra.» Esta indicación enriquece el símbolo, pues lo dota de toda la simbología correspondiente al agua. No menos interesante es la anotación de Bachelard: el ouroboros «es la dialéctica material de la vida y de la muerte, la muerte que sale de la vida y la vida que sale de la muerte.»


 Rayo
Teshub: dios del rayo triforme.

Pocas cosas debieron admirar más al hombre antiguo que un destello acompañado de un estruendo que baja desde el cielo. La modernidad, con sus luces y su escándalo, nos ha privado de maravillarnos de este fenómeno. Es por eso que no resulta extraño que varios de los dioses principales antiguos hayan tenido como arma o representación el rayo: Thor, Zeus, Indra (hindú), Teshub (hitita) y el mismo Yahveh (Sal. 18:14: «El Señor tronaba desde el cielo, el Altísimo hacía oír su voz; arrojó sus flechas y los dispersó, multiplicó sus rayos y sembró la confusión.») Como símbolo, el rayo es el poder fecundante, es el falo en la hierogamia Cielo-Tierra (la lluvia es el esperma). Es fuego y palabra divinos y, por tanto, cosa sacratísima. Representa el poder y la fuerza, por lo que se relaciona con la autoridad de un dios sobre los otros: quien tiene el poder del rayo es dios entre los dioses. Por supuesto, el rayo no solo representa el poder creador, sino también (e incluso más frecuentemente) el poder destructor; con él, dios castiga a sus enemigos y a los hombres.


 Rosa

Alegoría Rosacruz.
A semejanza del loto en Oriente, la rosa es la flor por excelencia en el Occidente. Es símbolo de perfección, belleza y amor. También es símbolo del corazón y del centro espiritual de cada persona, por lo que participa de toda la simbología del centro (comentada en la entrada anterior de los símbolos). En un plano religioso, la rosa simboliza la copa con la que fue recogida la sangre de Cristo (el Santo Grial); es un receptáculo y comparte también toda la simbología de la copa (cáliz de flor y cáliz de salvación). Respecto de la sangre, la rosa también simboliza no solo la del propio Cristo, sino también la de los caídos en batalla: «Sobre el campo de batalla que han caído muchos héroes, crecen rosales y escaramujos.» Por esta razón, la rosa es símbolo de regeneración. La interpretación más interesante es la que asocia a la rosa la vida del hombre: nace de entre el lodo para devenir en un ejemplo de color y aroma inigualables. Comparte la simbología de la rueda.


Rueda
Rueda de doce radios.

La rueda es un símbolo que se encuentra plenamente relacionado con el círculo, por lo que, a semejanza de este, representa la perfección y el dinamismo. Sin embargo, en la rueda se acentúa la importancia de los ciclos, las repeticiones y las renovaciones. Es también símbolo solar y de desplazamiento. A semejanza de la cruz, la rueda reúne símbolos básicos: el centro y el círculo. Más aún, los rayos de la rueda simbolizan la relación que existe entre el centro y la circunferencia. El número de rayos también es importante: cuatro, las direcciones del espacio y las estaciones; seis, el crismón; ocho, las direcciones del espacio incluyendo arriba y abajo. No es de menor importancia el hecho de que la movilidad de la rueda sea posible gracias a la acción de un eje inmóvil; es decir, la rueda es una metáfora del Universo (el perímetro) y su creador (el cubo).


Serpiente

Serpiente: símbolo del mal a vencer.

Pocos animales debieron maravillar tanto al hombre primitivo como la serpiente. Un animal venenoso y agresivo, sin pelo ni plumas y, sobre todo, sin ningún apéndice ligado al tronco (sin brazos, ni patas, ni aletas) debió ser más que suficiente para llamar la atención de esos hombres primitivos. La serpiente es ante todo el símbolo del dios primero, es el dios de las aguas primigenias, dios de la materia oscura. Este dios desea la vuelta del cosmos al caos, donde él era quien gobernaba. La serpiente es el dios anterior al dios uránico; es el rey entre los dioses ctónicos. A la luz de este conocimiento, no es difícil ver por qué la serpiente fue elegida por los judíos (y luego los cristianos) como símbolo del demonio, del mal y del oponente por excelencia de dios. La lucha y triunfo del dios uránico sobre el dios ctónico está bellamente representado por el escudo de México: el águila, símbolo del Sol y del cielo devora a la serpiente, símbolo de la Tierra y la oscuridad. Esta es la misma interpretación que la ofrecida para los episodios hagiográficos donde el santo vence al dragón, si bien no es la única. Tradiciones antiguas y de varias culturas en todo el mundo consideran a la serpiente como diosa de fecundidad, de donde se la relaciona con la mujer y la menstruación.


Esvástica

Diferentes tipos de esvásticas.
Antes de que lamentablemente los nazis la tomaran como símbolo, la esvástica había sido utilizada por diferentes culturas en un contexto religioso. Así, por ejemplo, para los budistas, la esvástica representa la rueda de la ley; para los hindúes, es el emblema de Ganesha; para los cristianos, es símbolo de la Cruz. A semejanza de la rueda, la esvástica simboliza la rotación del universo alrededor del centro. Para algunos (como los masones, por ejemplo), el centro de la esvástica es la estrella polar (porque sobre ella giran el resto de las estrellas), mientras que las cuatro gammas representan los cuatro puntos cardinales (no debe atribuirse a los griegos el origen de la esvástica, pues, a pesar de las gammas, el origen de este símbolo es el sánscrito). Para los chinos, la esvástica es símbolo del número 10,000, el cual, a su vez, representa la totalidad.



Tarot

La Torre: arcano mayor.

Comúnmente, se atribuye a charlatanes y prestidigitadores el uso de las cartas del tarot. El uso que se les da a estas cartas no es lo que deseo exponer aquí, sino lo que las imágenes ahí impresas representan en un sentido jungiano. La estructura del tarot tiene un significado místico: consta de 22 arcanos mayores y cuatro palos de 14 cartas cada uno. Los palos son el oro, los bastos, las copas y las espadas, los cuales se corresponden a las clases sociales típicas del siglo XV: comerciantes, campesinos, clero y nobleza. También cabe la interpretación de que los cuatro palos corresponden a los cuatro elementos de los que todo está formado: oro, la tierra; bastos, el fuego; copas, el agua; espadas, el aire. Dos de los arcanos mayores tienen una particularidad: por un lado, La Muerte es el único que no lleva su nombre a manera de título en la carta, como el resto de los arcanos mayores, de donde le viene el nombre de “Arcano sin nombre”; por otro lado, el arcano de El Loco es el único que no está numerado (el caos puede intercalarse entre cualquier orden; el caos no admite ningún ordenamiento). El color, la posición y los elementos, todos, son susceptibles de interpretación. Las cartas del tarot son el medio que permite más interpretaciones desde el punto de vista simbólico; ahí radica su importancia y su riqueza, pues las interpretaciones revelan la psique de los individuos y, si es común, delatan al inconsciente colectivo.

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