sábado, 13 de julio de 2013

¿El concepto de Arte está necesariamente ligado a la Belleza?






El presente ejercicio también derivó de la discusión de ideas entre Jorge (el Abuelo), Pablo y yo. Les recomiendo que visiten sendos blogs: La Tertulia del Abuelo y Virtus Verita. En primera instancia, muestro el texto en que plasmo lo que opino acerca de la relación entre el Arte y la Belleza; en un segundo apartado respondo a las opiniones de mis amigos.




Resulta imposible responder a esta pregunta sin previamente haberse posicionado respecto a lo que se considera Arte. El Arte es una actividad humana muy particular. El Arte es el resultado de un proceso mediante el cual una persona refleja parte de su realidad o de su imaginación a través de la creación. El resultado de este proceso, a su vez, debe poseer características particulares. En primer lugar, debe ser original; debe ser original porque son únicas la realidad, la imaginación y los recursos con que el autor de la obra cuenta. En la reproducción o copia de una obra solo hay técnica, pero se carece del proceso de creación que dio origen a ese resultado.
En segundo lugar, el Arte debe tener una técnica refinada. La refinación se refiere a que no basta con tener una buena idea, sino que hace falta tener habilidad (y hacer uso de ella) para plasmarla. Tampoco basta con tener habilidad y no tener una buena idea. Es decir, ni La Fuente de  Duchamp (buena idea, pero sin habilidad) ni la película “The Avengers” (mucha habilidad, pero sin una buena idea) pueden ser considerados Arte.
Ahora bien, esta refinación debe ser entendida desde la restricción de recursos físicos con que cuenta una persona. Así, por ejemplo, juzgar una película de inicios del siglo pasado utilizando criterios actuales va en contra de una buena definición de Arte. Así también, las pinturas rupestres son Arte si consideramos que los primeros hombres tenían muchas limitaciones de materiales. Más aún, otra implicación de esta característica es que algún preso puede ser capaz de realizar una obra de arte, y que en su beneficio se le juzgará que tuvo la limitación al acceso de ciertos materiales.
Otra característica del Arte es la forma. La forma está ampliamente relacionada con la técnica. Con la forma me refiero a la manera como la persona expresa lo que quiere dar a entender. Por ejemplo, en el caso de la Literatura, no es lo mismo escribir: “Recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte” que decir: “Dense cuenta que la vida es corta y la muerte se aproxima”. Ambos textos son originales y tienen una idea similar, pero cambia drásticamente la forma como se expresa.
Quizá es más claro en la escultura: ¿qué habría ocurrido si Buonarroti, en lugar de crear La Piedad hubiera creado algo amorfo que simbolizara lo que representa esa obra? Sin duda sería original y quizá hubiera tenido una buena idea para justificar su escultura. Tampoco sería falta de técnica lo que presentaría esta pieza, porque seguramente Miguel Ángel habría dado las cinceladas correctas para su creación. Lo que no permitiría que fuera admitida dicha obra dentro del concepto de Arte sería la forma.
La última de las cinco patas de esta mesa que llamamos Arte es la característica de ser mayormente autocontenida. Esto quiere decir que quien contemple una obra debe ser capaz de entender la idea general que quiere representar su creador. Si una pintura o una escultura necesitan de una explicación verbal o textual para su comprensión, no es Arte. Con mayormente me refiero a que el motivo principal de la obra no debe ser tan oscuro que no sea comprendido para alguien medianamente instruido. Y aquí está el problema de la universalidad del Arte. Soy de la opinión de que el Arte debe ser lo más universal posible y que sea a través de la variedad de interpretaciones como uno pueda disfrutar a distintos niveles una misma obra.
Tras esta larga introducción sobre el Arte, procedo a ubicar la Belleza en este contexto. De las cinco características del Arte arriba mencionadas, solo en dos de ellas la Belleza toma especial relevancia: en la idea y la forma. Respecto a la primera, una idea puede ser bella o desagradable. No es necesario que la idea sea bella para que una obra sea considerada arte. Ejemplos, hay varios: Lacoonte, Fusilamiento de Maximiliano o el Infierno de Dante. Estas obras, considerando únicamente su idea, atentan contra la Belleza.
Con lo que respecta a la forma, la Belleza resulta imprescindible. El cuidado de la forma es, casi por definición, la Belleza misma. En realidad, la Belleza surge de la comunión armónica de la forma y la técnica. Si la forma y la técnica son excepcionales, irremediablemente la obra es bella. De lo anterior se colige que el concepto del Arte está necesariamente ligado a la Belleza y el nexo es a través de la forma.
Para ilustrar los dos párrafos anteriores, propongo comparar dos cuadros: uno de Goya y otro de Rubens. En ambos casos, se ilustra una idea que dista de ser bella: un padre devorando a un hijo. Una idea macabra, sin lugar a dudas. Ahora bien, el cuadro del español me parece de menores méritos, y me lo parece así porque la forma como está pintado su cuadro es más burda. En otras palabras, a pesar de que las dos obras cumplen con las cinco características del Arte, dado que la obra de Rubens tiene mejor forma, es más artística que la de Goya.
Finalmente, ¿qué hace que una forma sea más bella que otra? Una forma será más o será menos bella conforme se acerque o se aleje del ideal que tenemos del objeto (físico o abstracto) que representa la obra. Dado que la concepción de perfección (de objeto ideal) es relativa –depende de los gustos particulares de cada persona–, una forma puede ser bella para algunos y fea para otros. Esto tiene consecuencias graves: al ser relativo el objeto ideal, la sensación de lejanía o cercanía de una obra con ese objeto ideal también es relativa, por lo que el concepto de Arte es relativo.
Propongo un ejemplo para lo anterior: supongamos que se reúnen todos los museos del mundo para hacer una exposición con las obras que son consideradas (por todos) como Arte. Supongamos que se llega a un acuerdo y se eligen unas cuantas obras; digamos, la Giocconda, el David, el Taj Mahal, Para Elisa... De llegar algún extraterrestre (o, sin ir más lejos, un individuo de una tribu lejana de África o Brasil), ¿considerarían como Arte estas obras? Lo pongo en duda, pues este visitante tiene otras formas ideales y las obras ahí expuestas se alejan de dichas formas; por lo tanto, no es bello y, entonces, no es Arte.
Otros ejemplos menos fantásticos están a la mano: ¿quién de nosotros considera bella una nariz prominentemente jorobada o a una mujer con un cuello de 20 centímetros? Los mayas y alguna cultura africana lo consideraban, respectivamente, bello. Una mujer considerada bella en la década de los sesenta era sumisa a su marido y no tan delgada: el concepto de Belleza es relativo. La pretensión del Arte es buscar la universalidad, aunque sepa que esa tarea es imposible de conseguir, pues habría que homogenizar todos los gustos (para todas las culturas, para todos los individuos y para todos los tiempos) para que coincidan todas las nociones de perfección. La tarea del Arte es alcanzar ser universal para la mayor cantidad de personas y cumpliendo con los cinco criterios mencionados.

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Comentarios a Jorge:

No basta conmover las pasiones humanas para que se trate de belleza. La Belleza conmueve, pero no es lo único que lo hace. Hay cosas que son realmente horribles y ese horror mueve pasiones, pero no por eso son bellas.
No creo que haya una belleza o una fealdad universal. Como el mismo texto lo indica, la belleza puede darse dentro de un contexto, dentro de un subgrupo de personas que han aprendido cómo deben lucir las cosas bellas. Si a un subgrupo de personas se les dice desde pequeños que La fuente de Duchamp es bella, al crecer dirán que es bella, “because they were told to believe that”. Eso hace a la belleza una convención, algo relativo y no universal. Desde esta perspectiva, las obras que consideramos universalmente bellas no lo son sino únicamente en el sentido de que son consideradas bellas por un numeroso grupo de personas; habrá otro tanto de personas que consideren que eso no es bello. Por tanto, no podemos hablar de universalidad.
El Abuelo dice: “[l]a moral juega un papel muy importante en el arte”. No me queda claro de qué manera se realiza esa relación. ¿La moral afecta la noción de Belleza y, a su vez, eso afecta el Arte? Creo que hay, cuando menos, una cosa que afecta más a la Belleza y es la apariencia. En todo caso, pienso que antes de que el Arte intente agradar a la moral (o ceñirse a sus preceptos), intenta agradar a los sentidos. Un ejemplo de eso lo podemos apreciar en los inicios del twist y el jazz: por algún tiempo fue considerada música impropia, todo un escándalo y una afrenta a los valores de la época, pero fue haciéndose de seguidores porque encantaba a los sentidos. Por eso podemos decir que, aunque prohibido, el Arte puede seguir encantado.



Comentarios a Pablo:

Pablo y yo coincidimos en entender el Arte como una actividad humana. Caben algunas preguntas al respecto: ¿algo que no sea humano (un animal, una máquina) es capaz de hacer objetos artísticos?, ¿es posible que un animal, por accidente o por entrenamiento, sea capaz de producir Arte?, ¿podría una máquina hacer Arte a partir del estudio de cánones de diferentes épocas? Estas preguntas tienen un fondo común: ¿es la voluntad parte del proceso de generación del Arte? Pablo argumenta al respecto que, para ser Arte, se debe tener intención (pone los ejemplos del atardecer, del fabricante de cañones y de las pinturas rupestres). Lo que no nos dice es por qué es una condición necesaria. Pongo dos contraejemplos: si una persona altamente comprometida intelectualmente (por ejemplo, un autista) genera un objeto artístico, probablemente no tenga intención de generar emociones en otro ser humano, pero quizá la obra que elaboró sí sea apreciada como Arte. El otro contraejemplo: si las pinturas rupestres fueron hechas con la intención de invocar alguna fuerza, a algún dios (intención muy distinta de generar emociones a otro humano), entonces no son Arte; pero si buscaron generar emociones, entonces sí. ¿Y cómo saberlo?
Un aspecto que aborda la definición que ofrece Pablo es que los objetos deben ser reconocidos como generadores de experiencias estéticas. Esto tiene una implicación importante, pues de esta afirmación se desprende que el Arte, entonces, es un proceso que culmina con un espectador (aquí Pablo diría que el espectador es parte del Arte, pero no del objeto artístico). Lo que la definición no indica es quién debe reconocer esos objetos. La pregunta no es baladí: si basta uno solo para que eso ocurra, entonces casi todo sería Arte, pues, al menos para su ejecutor, el objeto creado generaría experiencias estéticas en él mismo. Pablo no se define al respecto, no aborda el problema de la universalidad del Arte; únicamente menciona dos puntos de vista al respecto.
Por otra parte, la definición bosquejada por Pablo no es precisa del todo. Nuevamente, recurro al contraejemplo para ilustrar mi punto de vista: en Internet es relativamente sencillo encontrar videos de grupos de narcotraficantes en donde matan cruelmente a alguno de sus adversarios. Desde la definición de Pablo, esto constituye un objeto artístico, pues es una actividad humana, realizada de manera intencional y genera una experiencia estética (entendida como él mismo define “experiencia estética”: “[e]s el fenómeno al nivel de la percepción de que un objeto, tangible o no, evoca a través de nuestros sentidos un conocimiento, personal o común, que nos refiere emociones intelectuales, morales o pasionales”). Este acto de homicidio, genera emociones intelectuales (¿qué debe hacer el Estado por evitar que este tipo de acontecimientos ocurra?), morales (¿los hombres que cometen el homicidio deberían ser juzgados de igual manera que quien se los ordenó?) y pasionales (¡esto es el vivo terror!, ¡uno no puede salir así a las calles!). ¿Esto, entonces, es un acto artístico superlativo porque refiere a todo tipo de emociones? Ahí es donde uno tiene que considerar la belleza del acto; pero, como lo establezco en mi aportación, esta búsqueda de la belleza es únicamente a través de la búsqueda de la perfección en la forma, no en la idea.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Bueno, Alan, ya sabes en cuantos puntos discrepo respecto a tu idea del arte ;). Así que solo te comentaré algunos más.

No creo que la pretensión del arte deba ser la de buscar la universalidad, pues el arte ha intentado constantemente romper las convenciones y plantear diferentes miradas.

Tampoco creo que una obra sea más artística al coincidir con el concepto de perfección de la mayoría, es decir, no creo que la "calidad" de una obra de arte se mida por este criterio, y si así fuera, sería una contradicción decir que uno de los requisitos esenciales del arte es la originalidad. Nunca se puede ser cien por cien original, eso está claro, "no se trata de ser original sino de ser auténtico" (no recuerdo donde oí esta frase, supongo que esto le resta credibilidad ^^), esta tarea se volvería imposible si los artistas actuaran intentando satisfacer el concepto de arte de una mayoría.

Y por último no creo que exista lo que llamas obra autocontenida, pues toda interpretación de una imagen requiere un aprendizaje previo, a veces sencillo y a veces complejo. Que este aprendizaje deba ser complejo para la comprensión de una obra no le resta valor a su sentido. Pero a veces no es por su complejidad, sino por su sencillez por lo que no se comprende: <<¿una cuestión de textura o color? ¿cómo puede disfrutar un artísta con algo tan abstraído de la realidad? ¿dónde está la historia narrada?>>.

En definitiva opino que si el arte tendiera a la universalidad y al consenso, sería un arte muy aburrido. ¿Por qué una única forma? ¿por qué un único gusto? cuando pueden convivir diferentes opiniones, gustos, perspectivas, formatos, pretensiones... ¿Acaso se trata de una competición? ¿A de ganar una forma de hacer el arte?

Un gusto leerte.
Laura