sábado, 26 de noviembre de 2011

También ellas

Alcanzó a entrar cuando las puertas del metro cerraban. Estaba inquieta. Se desplazaba con facilidad entre la gente.

Algunas estaciones después, bajó y se deshizo de golpe de toda la inmundicia del vagón: el sofocante calor de las masas, el penetrante olor de sus sobacos, el desprecio de sus miradas, el terrible sonido de sus máquinas y sus bocas: la inquietante sensación de un mundo hecho para ellos.

Zumbando, buscó la salida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente recurso. Recuerdo que una vez leí un cuento breve que narraba la vida de alguien y durante el relato parecía que le pasaban cosas extrañas porque durante toda la lectura esos hechos eran malinterpretados por el lector al suponer que el sujeto era una persona. Al final del cuento decía, "Soy [un nombre que no recuerdo], una mota de polvo."

Tú has usado aquí el mismo recurso, y te ha quedado muy bien :). Al principio creemos que se trata de una mujer porque, aunque se omita esa información, comprendemos mejor lo semejante. Después nos damos cuenta de nuestro egocentrismo al descubrir que se trataba de una mosca o una abeja, en fin, algo que zumbaba, un insecto que consideramos insignificante al que no le dedicaríamos unas líneas.

Me ha gustado.

Un saludo,
Laura.