domingo, 25 de octubre de 2009

Las Batallas de Ratti y Ecsi

No había remedio, había que pelear. Apenas algún tiempo atrás habían tenido que enfrentar a la alianza de tribus llamada Annym, numerosa, pero cuyas técnicas bélicas le habían costado su derrota. A Homm no lo asustaba el constante peligro de muerte durante la guerra , era el temor de convertirse en nada más que humo y tierra, era la incertidumbre de saber si su memoria viviría aún en los demás, era el miedo a ser olvidado.

Los motivos de la guerra contra los annymitas sonaban algo distantes a Homm. Conseguir esclavos, expandir los dominios y terminar de una vez con los inacabables conflictos entre ambas regiones parecían convencer a la mayoría; Homm sospechaba que se trataba de una excusa de los gobernantes para mostrar a las tribus circundantes el poderío que los nossitas habían perdido en años recientes . De cualquier manera, dudar sobre las intenciones de una guerra no se encontraba dentro de las funciones de un guerrero élite; todo cuanto debía hacer era escuchar, obedecer y no dejarse morir en el intento.

Esta vez marcharían al norte. Homm imaginaba el norte como un páramo inhóspito, muy diferente a las tierras selváticas del oeste donde alguna vez habitaron los annymitas. Debían tomar el camino hacia el este, siguiendo la ribera cristalina del Cael y luego continuar hacia el norte hasta llegar a la ciudad de Deeu. Una marcha continua por el norte habría resultado más breve, pero menos sorpresiva; ir por el este desmoralizaría a los guerreros, pues aún podían hallarse algunos restos de la batalla entre annymitas y nossitas, la Batalla de Ratti. Al final, herramientas más útiles, tácticas más depuradas, una compleja organización y una asombrosa habilidad de las manos habían logrado vencer definitivamente a la fortaleza y brutalidad annymitas.

Homm no había visto nunca a un deeuíta. Trataba de recordar algunas historias que los ancianos relataban sobre aquel pueblo, pero una ligera capa blanca cubría las memorias que databan de hace más de un par de años. Los imaginaba (los quería imaginar) similares a él, en algún punto superiores, inteligentes e incluso poderosos. Podía delinear la imagen corporal de un deeuíta, pero le resultaba imposible detallar su rostro; quizá era mejor así, no pensar en eso, no pensar en el rostro que tiene la muerte.

La víspera a la guerra, los nossitas acamparon al margen del Cael. Un caótico silencio gobernaba la atmósfera, mientras la noche caía pesada sobre sus hombros y los pensamientos casi podían ser escuchados. El olor gris y denso de la zona pantanosa era nauseabundo, pero apartaba a los hombres de los pensamientos; cuando se está por arriesgar la vida, es mejor evitar la idea de cualquier futuro. Las lanzas y las flechas eran talladas calladamente, los arcos se tendían y distendían para comprobar su resistencia, y los hombres que hablaban lo hacían sin intención. Era un espectáculo de intranquilidad, pero también de solemnidad.

Era casi imposible conciliar el sueño. Después de todo, en la Batalla de Ecsis no se disputaría lo mismo que en la de Ratti. Luego de años de cavilaciones, los nossitas habían decidido arriesgarlo todo: se pondría en juego la definición misma de sus vidas. En una batalla poco común y a luces sempiterna, en la Batalla de Ecsis se disputaría la Forma y el Tiempo. Un fracaso en la guerra significaba no sólo perder la vida, la familia, las posesiones, sino también (y mucho más importante) se perdía cualquier atadura al mundo, se renunciaba al Tiempo y la Forma. (¿Se estaría renunciando a la existencia?)

Las afueras de la ciudad de Deeu eran muy diferentes al páramo que había imaginado Homm. El camino que conducía a la ciudad era recto y bien trazado, aunque no era uniforme y sus pendientes declinaban y ascendían dificultosamente según caprichosos accidentes del terreno. El sitio parecía por momentos un bosque para después transformarse en océano; luego se encontraban en medio de nubes al tiempo que estaban dentro de una mina; ese lugar era todos los lugares.

La Batalla de Ecsis duró un instante o todos los siglos. A Homm le parecía haber muerto y resucitado infinidad de veces y había comprobado que en algunas ocasiones nossitas y deeuítas cambiaban de bando. Un vago escrúpulo detenía a los nossitas: los rostros de los deeuítas eran sus propios rostros; matarlos era como matarse a sí mismos. Al hundir un cuchillo en el costado de un deeuíta, la sangre manaba por el muslo del nossita. El efecto inverso era similar, pero mucho menos efectivo (algunos nossitas trataban de herir a los deeuítas desgarrándose a sí mismos, pero esto apenas provocaba heridas poco profundas en ellos).

Los nossitas aprovecharon la veleidad del lugar y dieron fin a la guerra: uno a uno fueron cayendo los deeuítas. La Batalla de Ecsis había obligado a los deeuítas a renunciar a la Forma y al Tiempo. Tras la victoria, los nossitas celebraron bajo el liderato incuestionable de Nich. Homm había sobrevivido, pero su faz era completamente distinta: era dueño ahora de una cara libre y libertina.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Y los nossitas han olvidado las Batallas de Ratti y de Ecsi. Lo único que les queda de aquellas lides son algunos nombres. Pero el tiempo tiende a modificar el lenguaje. Parece que ahora los nossitas recuerdan a los deeuítas con otro nombre, un nombre burdo y simple; les llaman "dioses".

3 comentarios:

El Abuelo dijo...

Estimado Lord, grandioso su relato, como siempre, no estoy seguro en la totalidad de haberlo comprendido, sería bueno lo pudiera explicar Lord.

AJ dijo...

Coenzaré con una pista que a Vd. le ayudará bastante.
Todos los nombres "extraños" tienen algo en común: parten de raíces latinas y cada una está asociada al verdadero significado que tienen en el cuento.

AJ dijo...

Aun a sabiendas de que de esta manera he de restar relevancia al cuento, he decidido colocar la guía de los nombres, a fin de facilitar la comprensión del cuento:

Homm = Hombre
Annym = Animales
Nossitas = Nosotros
Cael = Cielo
Ratti = Razón
Ecsi = Existencia
Deeuítas = Dioses

Espero sus comentarios.