Ludwig Wittgenstein
Hace ya algún tiempo se sabe que el lenguaje afecta la manera como nuestra mente trabaja. Esto es, el lenguaje da forma y limita lo que podemos alcanzar a través de un proceso cognitivo.
Es curiosa (y muchas veces caprichosa) la manera como las palabras van adquiriendo distinto significado en diversas culturas, incluso en las palabras que poseen una raíz común. Baste recordar las investigaciones que señalan la peculiaridad de que en varios idiomas, la palabra "madre" comienza con la letra "m", incluso en lenguas africanas y asiáticas.
Sin embargo, hay algunas palabras que requieren un poco más de detalle para poder entender la relación entre ellas y la idiosincrasia. En particular, quiero analizar las palabras "improvisar" e "improve". Quizá la mejor manera de entender la diferencia entre ambas es con un ejemplo. ¿Qué sucede cuando una persona se queda sin empleo? El mexicano, por ejemplo, improvisa; es decir, coloca un puesto ambulante de todo tipo de negocio (es posible que la balanza comercial de nuestro país mejorara bastante si pudiéramos exportar ocurrencias). Un inglés, un estadounidense o un australiano, quizá optarían por "improve", es decir, por mejorar su condición.
La diferencia entre "improvisar" e "improve" no es sólo cuestión de planeación, sino de visión del futuro. "Improvisar" hace referencia a algo temporal (aunque muchas veces se convierte, a fuerza de costumbre, en permanente), mientras que "improve" es un concepto que necesariamente implica continuidad. En otras palabras, "improvisar" sugiere inmediatez, prontitud; "improve", a su vez, se refiere a un futuro no definido.
No sugiero modificar el español para lograr que las palabras infundan valores que no poseemos. Sugiero el proceso inverso: cambiar la mentalidad, para modificar el lenguaje. Aunque quizá es más fácil lograr lo contrario.


